
Sirenas
Prologo.
El viento movía las olas y las olas cambiaban juguetonas el rumbo de una lancha vieja abandonada en medio del inmenso mar azul; el sol estaba retirándose y la oscuridad se empezaba a apoderar apresuradamente de ese majestuoso territorio.
En la orilla del mar, sentado sobre una roca gris oscuro, contemplando las estrellas plateadas estaba Santiago; el día estaba por concluir para toda la población de la isla; era la hora en que los maridos llegaban a sus casas con los pescados frescos en enormes redes y cocos para servir en la cena; pero Santiago era un tipo solo esa noche, decidió mudarse con un amigo y apenas era el tercer día lejos de su familia.
Una melodía salía de su boca y la música era el agua que se estrellaba en las rocas, de la arena mojada que cubría los pies de Santiago se despedía un olor fresco y relajante.
–¡Santiago!, ¡Santiago! –el hombre reconoció la vocecilla y sonrió.
–¡Azucena!, ¡que gusto verte! –la niña que venía corriendo enérgicamente se detuvo enfrente de él y su rostro se tornó extrañamente tímido. –¿que sucede pequeña?, ¿acaso no deberías de estar durmiendo en estos precisos instantes? –Azucena no pudo evitar sonrojarse. – pero dime, ¿ibas a comentarme algo? –le pregunto amablemente, arqueando una ceja.
–Si... –la niña se paralizó como si estuviera en una situación difícil pero emocionante, después de tomar aire profundamente, tomó parte de su vestido y lo apretó, y se animó a hablar –!cuéntame un cuento!
–¿perdón?, me estas hablando a mi? –la pequeña asintió sonriendo. –pero, ¿quién te dijo que yo se contar cuentos? –estaba tan extrañado como nervioso, en un enorme aprieto; en su vida nunca había contado un solo cuento a alguien. –mira niña, no quiero ser rudo en lo mas mínimo, pero no te contaré un cuento, no tiene caso que lo intente; los cuentos me parecen una... – se detuvo al ver como se opacaban los ojos de aquella niña de apenas siete años, se notaba como se endurecía ese rostro bronceado y suave. –no, tranquila, no quise decir nada malo de los... –Azucena lo interrumpió con su mirada furiosa, sabía perfectamente lo que iba decir el hombrezote que estaba sentado frente a ella, y era una desilusión; él era como sus padres; no entendía nada sobre lo maravilloso que es una historia de hadas, de duendes, del príncipe y la princesa enamorada; !no entendían nada!; pero entonces no le quedaba nadie del mundo de los humanos grandes que le pudiera contar un cuento; era deprimente.
A lo lejos corrían un par de niños mas, uno de seis y su hermana mayor una chica de once años que estaba a punto de ser uno mas que no están dispuestos a aceptar que las historias fantásticas no son tan fantásticas en verdad.
–pero, ¿que es eso que viene por allá? ¿Acaso...?
–si, yo les dije que nos contarías un cuento –esa voz sonó triste y apagada.
–!no, oh no! !Eso si que no!, una vez me dijeron que me parecía al dinosaurio morado que sale en la tele estupidizando a los niños pero... pensaba que bromeaban. –Azucena comenzó a reírse de pronto, tanto que Santiago comenzó a creerse lo del dinosaurio ese.
–¿ya comenzó?, –preguntaron los niños entusiasmados, pero ahora casi mágicamente eran mas de cinco niños sonrientes y agitados, a excepción de azucena que sabía que no abría cuento.
–mis amigos me odiarán –dijo susurrándole a Santiago; Santiago gruñó, tratando de esconder ese sentimiento de querer escapar corriendo hacia su casa, si a ese tejaban de madera y hojas de plátano como tejado se le podía llamar casa.
De pronto los niños comenzaron a saltar y cantonear: ¡queremos cuento!, ¡queremos cuento!: lo gritaban cada vez mas rápido y fuerte.
–¡basta!, ¡silencio! ... – los niños se callaron y lo miraban fijamente, la mirada fija de un niño a veces llega a intimidar a cualquiera. Después de un pesado silencio... – de acuerdo, habrá cuento, pero antes todos deberán poner atención. – los niños permanecían quietos, y no podían esconder esas sonrisas pícaras; pero Azucena se le lanzó a los brazos de la emoción.
–gracias –sonó tan llena de agradecimiento que a Santiago se le removió el estómago de sentimiento.
–y, ¿de qué quieren que sea el cuento? –los niños empezaron a decir al mismo tiempo...
–de piratas, de vaqueros, de animales
–¡no!, mejor de amor –gritó una chiquilla
–jajaja, ¿de amor?, no!, de todo menos de amor. –dijo el Adulto.
–¿entonces de qué? –preguntó el mas pequeño de todos.
–¡les contaré algo de miedo!
–¡no, de miedo no !–dijeron las niñas.
–de acuerdo, ya se de que; ¿listos?
–¡si! –exclamaron todos.
Capitulo 1
Era una vez...
–Escucha, mira y cállate si quieres vivir; nunca deben oírte, y si te ven podrían destrozarte. (Santiago miraba como un desquiciado suele hacerlo)
–¿estás seguro? (le temblaban los labios y el sudor nacia y se resbalaba por su frente)
–no, seguro no, pero me imagino, se ven tan fuertes que creo que... ¡si te matan eh!.
–¿me matan?, ¡te matarán a ti!. (le fabrico una sonrisa que pretendía simpatizar)
–creo que a los dos nos tocaría recibir un castigo muy severo.
–si – los dos tipos estaban tan atontados que sus bocas llevaban mucho tiempo abiertas y los ojos estaban completamente clavados en esos seres tan...
–¿de veras, no estoy soñando?
–¡no!, y nadie creerá esto. –dijo al instante que sonreía, pero su rostro en conjunto tenía una apariencia ausente.
–nadie sabrá esto, ¿entendiste? –susurró enfadado al oído de su compañero
–pero, podríamos ser ricos.
–podríamos estar en un hospital psiquiátrico, ¡nadie creerá!.
–pero si los traemos a este sitio y.... de acuerdo; no se enterará nadie.
–escucha intento de tritón no debes nadar nunca en esta parte del mar, tal vez tengan su hogar justo debajo de tu trasero y podrían molestarse. ¿Entiendes?, es como si te paras sobre un hormiguero; ¿ya comprendiste?
–pero, están tan cerca de la orilla, ¿por que no voy a nadar cerca de la orilla?
–de acuerdo, es tu infeliz vida, si así quieres deshacerte de ella, correcto, ve, nada ahora mismo donde están esos fuertes seres tomando la luz de la luna. – después de un pequeño momento de silencio frío e inquietante...
–crees que se estén intentando broncear con la luz de la... –Santiago puso una cara que reflejaba la estupidez de su amigo.
–no, ¡eres un completo animal descerebrado!; no puede n a d i e, broncearse con la luna; ¿de acuerdo?.
–uno nunca sabe, son una raza totalmente diferente a la nuestra.
–si, y tu eres el biólogo de seres vivos extraños; ¿verdad?
–búrlate, algún día probaré mi hipótesis.
De pronto el ruido que emitían esas criaturas fantásticas desapareció.
–ya no están, ¿crees que nos oyeron?
–quiero pensar que "acabaron de broncearse", se cansaron y se fueron. –señaló Santiago burlándose.
–si de seguro los esperan en sus casas las sire...
–¿las Sirenas? –Santiago abrió inconscientemente su cavidad bucal y la mantuvo así por buen tiempo
–existen las...¡No!, no puede ser, eso es mentira, las sirenas no existen, ni cuando era niño creí en la película esa de Walt Disney
–¿quieres guardar silencio?, esto no puede estar sucediendo
–claro que si, esto es...
–una locura – muy apenas pudo decir la frase de la impresión
–siempre desee que esas mujeres con colita de pescado existieran, son tan...
–¡cállate!, y deja de decir cosas raras
–creo que necesitamos unas vacaciones, estamos viendo cosas que nos pueden afectar tremendamente al cerebro
–permite que aclare una cosa; mas afectado jamás pensé que pudieras estar, pero ahora creo que tu cerebro si tiene esa capacidad.
–¿cual? – dijo sonriendo
–es mejor que nos vayamos a casa, esto está muy oscuro y frío
–¡no hace frío! –dijo frotándose los brazos y los hombros. Santiago salió del escondite, eran unas enormes ramas de una especie de cocotero; comenzó a caminar en dirección al jacal.
–¡aguarda! –gritó Felipe, corrió y se incorporó a su amigo.
El viento movía las palmeras, algunos cocos caían y todo estaba tan sombrío y solitario que el miedo iba dejando huella detrás de los chicos.
...El catre comenzó a crujir al tener el peso de Santiago encima, su cabello castaño claro estaba empapado y una gota de sudor se derramó en la almohada blanca, era una noche distinta, ninguno de los dos lograrían dormir tranquilos, Santiago miraba hacia el techo y se imaginaba las estrellas que resplandecían con toda su fuerza, el aire entraba por la ventana y el chiflido del viento los acompañó el resto de la noche.
A partir de esa noche todas las siguientes eran intensas y extrañas; caminaban hacia esa parte de la isla antes de que anocheciera y se acomodaban detrás de las palmas, a veces llevaban una bebida frutal para calmar la ansiedad y la sed, veían a los tritones hacer rituales que ellos conocían ya perfectamente, Santiago y Felipe comenzaron a pensar que esos seres sabían de su presencia, pero sentían que no serían dañados y por eso actuaban con naturalidad, pero era solo una sospecha, la otra posibilidad que tenían bien en cuenta era que al ser descubiertos fueran aniquilados por algún poder que tuvieran bien oculto. Parte del espectáculo eran los sonidos emitidos, una especie de silbidos y a veces parecían flautas tocando una melodía de esperanza. Esos brazos llenos de fuerza eran de gran tamaño, algunos no eran tan fuertes pero parecía ser asunto del desarrollo.
Había un tritón, si le podemos llamar así, que estaba relativamente alejado del grupo, era el más fuerte, con su cabello largo color marrón, sus bíceps eran casi del tamaño de una cabeza de toro y su pecho mostraba su lado viril, una espalda completamente poderosa; Santiago estaba seguro que éste, en especial volvería loca a cualquier hembra, sin importar la especie.
Sostenían la mirada a la luna y saltaban como delfines, de repente se sumergían al mismo tiempo y al salir danzaban formando un circulo.
–¿Te has puesto a pensar por que tienen el cabello así de largo? –preguntó Felipe
–¡piensa! De seguro no saben lo que son las tijeras. ¿No te suena lógica esa explicación?
–claro, pero...
–sigue pensando te hace bien que lo hagas de vez en cuando.
–que gracioso –comentó en tono molesto.
–¿donde estarán? –Santiago pensó en voz alta
–¿quién?, ¿donde estarán quiénes? –Santiago se mostró abochornado –¿qué te pasa?
–nada, solo pensaba en...
–¿en ellas verdad?
–si, ni siquiera puedo imaginarlas
–si puedes, por eso deseas tanto como yo verlas y después desearas tocarlas y...
–¡ya!, ¡cállate!
–¡ay vamos, no seas niño!
–de acuerdo, ya no aguanto mas, y si, necesito verlas, pero...
–pero jamás vienen –pronunció cabizbajo Felipe
–así es... nunca vienen –sonaban tristes, y cuando voltearon a la orilla del mar... nada, ya no estaban, los tritones se habían ido.
Capitulo 2
Una mañana de sol, las gaviotas volaban sobre el mar para pescar su alimento, con un viento apacible, fácilmente podría ser el escenario para una película famosa; sin embargo, los habitantes solo pensaban en vivir el día que les tocaba; las ambiciones de los niños eran tan simples como el querer ser como papa, el mejor pescador, o el mejor guisandero de la isla, tal vez el mejor tablajero y las mujeres buscarían encontrar al hombre que pudiera darles techo, comida y amor; así de sencilla era la vida en esa Isla, un lugar que denominaron como la luna llena, la isla era casi redonda, y decían los turistas que alguna vez llegaron en helicóptero que desde las alturas parecía una luna y el mar el cielo; la gente de la Isla decía que mas bien el cielo estaba en el mar, toda su vida dependía del océano, de sus peces, de sus conchas y corales, de todo ser vivo habitando en él. De seguro Dios vivía en el mar también y era un segundo paraíso. Pero nadie imaginaba que en el paraíso, entonces existían sirenas, tritones y otra clase de seres extraños que nadie pudo inventar. Nadie imaginaba, pero algunos si conocían.
...El océano esta lleno de vida, cargado de almas, repleto de emociones, de inteligencias incomprensibles para mi, he pasado mi vida viéndolos y nadie me creyó cuando les hablaba, por eso me llaman “el Loco de Inés”, Inés era mi mujer, una de las inteligentes, a ella si la respetaban e incluso le preguntaban que por que estaba aún al lado mío, de un loco, de un...¿cómo era eso que decían?... !ah! al lado de un desequilibrado, usaban términos así para referirse a mi; pero era ella tan grande y buena que apuesto que era la única que me creía, era un ser maravilloso, aún mas maravilloso que las Sirenas y sus esposos, mas hermosa era mi mujer que las cuajillas, esas que protegen a las sirenas cuando salen y sacan sus bellos rostros a mar abierto...
–¿A mar abierto? –preguntó exaltado Santiago
–dijeron que no me interrumpirían, al último son las preguntas y no olviden que cada pregunta vale...
–si, cinco kilos de camarón. –contestó Felipe ansioso –pero por favor, continúe.
–si, ¿en que estaba?... Ah... si las cuajillas eran tan pequeñitas que podrían llegarte a la rodilla, delegadas, con los ojos grandes de colores, dependiendo hacia donde miraran era el tono de sus ojos, te hipnotizaban frecuentemente, por fracciones de segundo hacían que perdieras la memoria, y eso si, no me
pregunten por que... por que no lo sé, su cuerpo no era como el de las Sirenas, las cuajillas tienen una cola parecida a la del delfín, lisa, pero de color negro, al igual que su cabello que se movía casi con vida propia, su poder era ése, hipnotizar a toda especie de criatura por un poquito de tiempo, para que sus amas pudieran estar a salvo en caso de peligro, las sirenas son tan rápidas que solo necesitan un poquito de ayuda y no más. Las cuajillas son adorables pero indudablemente peligrosas para tu mente, una vez olvidé mi nombre, y eso claro está que fue agregado a mi lista de cosas que me hacen un loco. Esas pequeñas delincuentes lo hicieron, robaron esa información de mi cerebro, para sentirse seguras de que tenían algo de mi, y así me tenían en sus manos, cualquier cosa haría yo por mi nombre, hasta dejar de verlas por siempre, a ellas y a las sirenas, sabían que adoraba el espectáculo, siempre las veía, en mi lancha en medio del mar, lejos pero muy lejos de la orilla y todos estos seres me conocían, yo era uno mas o tal vez no existía para ellos... Nunca volví a verlas, tuve mi nombre de vuelta y nunca las volví a encontrar.
Estoy cansado, mas vale que no sean muchas preguntas, no he cocinado mi cena. –el anciano se puso de pie, trató de enderezar su columna lo mas que pudo y comenzó a estirar los brazos para desentumirse, traía un oberol de mezclilla y debajo una camiseta de cuadros azules y amarillos algo desgastada, el tejaban olía a hierbas y a mucho pescado.
–señor.. –Santiago trataba de recordar si alguna vez el anciano les dijo su nombre pero...
–dime Loco por favor. O mejor el Loco de Inés. Como lo hacen todos.
–pero...
–pero nada, así me gusta y que así sea. Así nunca olvido a mi mujer, soy de ella y soy Loco, punto.
–pero ¿acaso no le costó lo suficiente haber recuperado su nombre como para que no lo use?
–Sin Inés y sin las criaturas fantásticas del océano no tiene caso nada, a excepción del camarón y las olas cuando chocan con las grandes rocas, ahh lo olvidaba, también vale la pena el vino tinto, pero nunca tengo, así es que no cuenta, ¡nada cuenta!, ni el camarón, ni las malditas olas que golpean tan suave como violentamente las grandes y viejas rocas, ¡mucho menos va contar como me llamo!. Pero bueno ya tengo mis primeros cinco kilos de camarones –dijo esto ultimo riéndose, después comenzó a soltar carcajadas y a toser secamente.
–pero si todavía no... ¡no!, esa pregunta no valió –expuso molesto Felipe con un gesto infantil que expresaba inconformidad, en eso el viejo contesto rápidamente...
–mi tiempo si cuenta y aparte ese fue el trato, que no sepan preguntar lo necesario no es mi culpa, pero sigan que ya tengo sueño –bostezó y se talló fuertemente los ojos. –ah y si se preguntan por que un viejo como yo todavía ve como un águila...
–¡no!, de ninguna manera nos preguntamos eso, no pretendemos perder otros cinco kilos de camarón así.
–jaja jaja –el anciano no aguanto la risa,– van aprendiendo, van aprendiendo.
–si y para no quitarle mas el tiempo, díganos en dónde encontraremos a las Sirenas y a todos los seres que nos dijo que vió. –Santiago se anticipó a indagar.
–pregunta fácil, en el sitio donde la luna se refleja en línea recta a ustedes , lo que me refiero es en donde la luna pueda verse completamente encima de las Sirenas, es el mejor lugar para contemplarla, según ellas y si que lo es. –el Loco comenzó a cocinar algo que llevaba hierbas extrañas, camarones, almejas y un poco de mejillones.
–otra pregunta –dijo emocionado Felipe.
–¿Si los tritones...? –El anciano interrumpió el cuestionamiento.
–¿se refieren a los monstruos del océano? Si... esos con grandes músculos y cabellos largos.
–Si. Esos, la pregunta era: ¿Si los monstruos esos nos descubrieran contemplándolos en medio de su rutina, que nos pasaría, que nos harían?.
–desearán no haber nacido en la Isla de la Luna llena y el cielo se convertiría en un pedazo del terrible y temible infierno, mandarían con su fuerza oceánica que las olas lleguen a donde ustedes estén y tal vez los envuelvan hasta matarlos, sólo algo podría salvarlos.
–¿Qué cosa? –Santiago olvidó el precio que pagaría.
–sólo los salvará que un ser de su mundo halla puesto sus ojos en los de ustedes y les halla permitido seguir contemplándolos, me refiero a las Sirenas, cuajillas y ...otras especies raras que son aún mas difíciles de admirar. Pero escuchen, esto no es sencillo, estos seres protegen sus ojos, solo una voz que les transmita seguridad pueden abrir esos faros de luz. Eso es todo, ya esta mi cena, si gustan pueden...
–No, gracias, nos tenemos que ir, pero no sin antes agradecerle toda la información y...
–no me agradezcan, ¡mejor páguenme en cuanto puedan! y si quieren contar lo que les dije, ¡no me importa!, así no seré el único Loco de aquí, pero escúchenme bien, ¡jamás, jamás serán el Loco de Inés!, ¡nunca!. Pueden irse, ahh y si ven una sirena con un lunar en forma de lagrima en la mejilla, de ojos violeta cuando mira el sol y azules cuando mira la luna díganle que nunca la olvidaré. –mientras los hombres salían de la choza con un mundo de información que cambiaría sus vidas... el anciano comenzó a gritar...
–¡olvidé decirles!, ¡las Sirenas nunca mueren! ¡Esta fue gratis!
–¿oíste eso? –preguntó Felipe
–Sí –contestó anonadado –un lunar en forma de lagrima –vociferó
–¡soy feliz!, ¡Soy un loco feliz! –Felipe aceptaba su condición –voy a soñar con las cuajillas.
–y yo con las Sirenas –Santiago tenía ese lunar en forma de lagrima clavado en la mente.
–si... y yo también
–¿Tu también que?, ¡abusivo, gandalla!
–yo también soñaré con las Sirenas
–si... y las cuajillas ¡tramposo!
–en los sueños todo se vale, no molestes con tu falsa moral
–jajaja, de acuerdo, de acuerdo –ambos sonreían y caminaron abrazados hasta su hogar.
Y A MEDIA NOCHE...
–shh, shh, Santi, !Santi! –Santiago despertó algo asustado
–¿crees que las Sirenas usen conchas en las senos?
Capitulo 3
–Las imagino desnudas, pero usando sus cabellos largos para cubrirles sus pechos firmes. –suspiró Santiago al mismo tiempo que rascaba una de sus cejas con el dedo meñique.
–¿Por qué no me contestaste eso en la madrugada?, sufrí toda la noche, no sabía que pensar, pero que bueno es oír eso, yo imagino lo mismo. ¡son tan grandes que...! –los ojos de Felipe se saltaron al imaginar la voluptuosidad de las sirenas.
–¡cállate estúpido! Ahí vienen unos niños.
–¡uy! ¡que santito!
–¡uy! ¡que animal!
–¡ya, ya! Calma tus ánimos. Ya sé que te pasa, hace tiempo que no ...
–¡que te calles! –los niños corrían alrededor de ellos jugando alegremente.
–¿Qué te sucede amigo?, creo que la soledad si te afecta mucho ¡eh!
–me pregunto ¿qué es lo que NO te afectará a ti?
... Santiago se miró en un pequeño espejo percudido por la edad y los malos tratos, sus ojos brillaban y el color miel que pintaba su iris iluminaba su rostro, mojó su cabello castaño y observó como su imagen cambiaba, las gotas de agua que se resbalaban por su cien y su nariz lo hacía parecer aún mas sensual, pero estaba solo, él y su reflejo, vertiginosamente algo se interpuso entre el momento de intimidad, una gaviota empezó a emitir un ruido fuertemente, y parecía que denotaba angustia o algo así, Santiago se estremeció y pronto el agua se mezcló con sudor y el vapor comenzó a salir de ese cuerpo macizo, la curiosidad lo hizo salir del tejaban y el silenció de la mañana comenzaba a desaparecer, un montón de gaviotas volaban en dirección al norte, y hacían formas extrañas en el aire, pero una de ellas estaba ahí, sobre la arena dorada, aún vivía, se veía como su vientre se inflaba y desinflaba rítmicamente pero de manera tan rápida que parecía sentir la muerte cerca. Las patas de la gaviota no estaban bien, se veían moradas, sus plumas comenzaron a caérsele, volaban en forma de remolino y posteriormente se iban con el viento, así hasta que quedó totalmente desnuda, solo el cuerpo ya frío, ya inerte.
Santiago confuso no podía despegarle la mirada casi aterrorizada al ave que se tornó completamente púrpura y corrió al interior de su hogar para despertar a Felipe.
–¡Felipe! –buscó en los pequeños espacios y Felipe no estaba. –solo es una gaviota muerta es todo. –susurro para él, con la intención de tranquilizarse a sí mismo... Unos segundos mas tarde...
Una mujer tocó a la puerta, era una bella costeña con la piel tostada desde que su madre dio a luz, la morena abrigó los rayos del sol, sintió como el calor iba formando parte de su nueva vida; la chica con su cuerpo candente y seguro, tocó la puerta una vez más y al voltear hacia abajo vio la gaviota completamente deformada y un bramido se escuchó en el fondo de la casa de los hombres mas deseados de la isla.
Santiago salió rápidamente y se encontró con unos pechos que tal como la gaviota se inflaban y desinflaban, el corazón del hombre comenzó a latir mas rápido y al ver el rostro de la fémina vio una mirada de horror y sus piernas descubiertas temblaban impulsivamente y sin pensarlo la atrajo hacia la casa que guardaba un aroma a humedad, la mujer estaba excitada y espantada, el hombre mandó su mirada hacia otro lado para pensar y pasó su mano por la frente para evitar que su sudor llegará hasta sus ojos de miel. Por fin pudo acomodar sus pensamientos y preguntó tomando a la chica por los hombros radiantes y al contacto la morena enjugó sus labios y su cuerpo se erizó completamente, entonces él se percató de eso y la soltó, ella sintió el movimiento brusco de esas manos que se desprendían de su piel, lo cual la hizo sentirse rechazada, sus manos vacías le recordaron lo sola que estaba y el hombre que estaba enfrente semidesnudo no mostró en su rostro el menor deseo por ella. La chica escondió su brillante mirada agachando la cabeza y para ese entonces el suceso de la gaviota estaba olvidado para los dos. Santiago aún con el cabello mojado, permaneció a un metro de distancia de ella y no apartó la mirada de ese rostro escondido. ¿quién era?, ¿qué buscaba?, se empezó a preguntar cuando la joven se atrevió a hablar.
–Disculpa que te haya interrumpido, no quise provocar ningún escándalo ni mucho menos... –las palabras se le fueron de esos labios carnosos que trepidaban. Santiago se vio como un completo inexperto en relaciones interpersonales, en específico con chicas, Felipe estaría burlándose de él si viera el espectáculo ofrecido.
–pero, ¿qué se te ofrece?, ¿qué necesitas?, y bueno primero dime ¿quién eres?, ¿de quién eres hija?. –¿de quién eres hija?, acaso no encontró otra pregunta mas estúpida y menos trascendental para el momento, estaba aceptando su gran torpeza justo cuando ella contestó...
–mis padres no son de aquí, incluso yo tampoco, vivo sola y... –los nervios habían vuelto, de hecho parecía casi constantemente frenética.
–oye, por que no levantas la mirada, ¿te sientes mal?, ¿puedo ayudarte en algo? –fue entonces cuando Santiago vio unas gotas de sangre que se deslizaban por una pierna de la hermosura que tenía en frente. Y al momento la chica quiso contestar pero fue interrumpida por Santiago.
–¡Sangre!, ¿te cortaste?, vamos con el médico, se que está muy lejos de aquí pero, yo no se nada de...
–espera, sereno, estoy bien, –se limpió las gotas de sangre con la mano, después froto sus manos hasta que solo quedó un leve color rojizo en las palmas. La chica sonrío y... Santiago se sintió incómodo y alarmado, no sabía que hacer.
–¿qué quieres?, ¿no me has dicho quien eres?
–soy Deborah, y nadie que le preguntes dirá nada de mi, nadie me conoce, y lo que quiero es muy extraño, y tal vez no lo comprendas pero tu eres la persona ideal para ayudarme. –El hombre estaba atento y completamente intrigado, inmerso en la confusión. –yo conozco algo de ti, lo cual me hizo venir a buscarte. –mientras ella hablaba, Santiago se percato del extraño acento, y aún mas extraña era la pronunciación, esa dicción no era perfecta, y mientras escuchaba, pensó en que la chica estaba confundiéndose de persona, y que en realidad él no tenía nada que ver.
–Te he visto noche tras noche,
–espera, ¿noche tras noche?, ¿no estas confundida? –movió la cabeza formando un seguro NO. –Pero...
–Eres tú quién yo busco, a quien necesito, pero primero que nada quiero pedirte un favor. Sé que no me conoces y que no tienes que hacer nada por mi, pero aquí estoy y ya no puedo echarme atrás. –Deborah tenía un nudo enorme en la garganta, le dolía y comenzaba a cambiarle el tono de la voz. Santiago notó su angustia en la mirada, los ojos llorosos e inmensamente tristes. Tenía un físico escultural, y él no se había percatado de tanta belleza, era una lindura inusual en la isla, no se veía mas que en un par de viajeros por año.
–¿qué favor es?
–necesito un hogar. –pronunció viéndolo fijamente, con mirada penetrante casi hipnotizante.
–y... ¿qué puedo hacer por ti? –la tensión invadía a Santiago.
–solo necesito un poco de tiempo; en siete días puedo irme de tu casa si así lo deseas, solo necesito siete días completos en tu hogar –¿completos? ¿A qué se referiría por completos? –ni un segundo dejo de ser extraño para él. –prometo someterme a tus reglas y mostrarte mi confiabilidad, no saldré ni un minuto de aquí, y si gustas puedes hacer de mi persona lo... –la morena se detuvo y pensó que era demasiado lo que iba decir.
–un momento, es que no entiendo muchas cosas, para empezar el hecho de que yo acepte no quiere decir que yo pueda hacer lo que quiera de ti. ¿Comprendes?, y tampoco sé de donde vengas, pero es muy extraño lo que me expones, al menos aquí que yo que sepa nadie tiene actitudes que esclavicen a la gente, ¿quedó claro?, y no entiendo... –Santiago se perdió en sus pensamientos mientras la chica lo miraba extrañamente. –no entiendo por que dijiste que me conoces algo y que... que me veías en las noches o algo así, por favor explícame esto esta raro. –aumento gradualmente el tono de voz y el ritmo se aceleró notablemente.
–si, lo sé –dijo Deborah. agachando la cabeza de tal forma que parecía que le pesaba sostenerla –te lo iré contando al paso del tiempo, pero ahora si es preciso que te ruegue que me permitas quedarme, lo haré, y lo que quise decir es que puedo ayudarte a lo que necesites. –una gota roja se deslizó por el mismo lugar donde las otras habían estado manchando la piel salada de la chica, pero esta vez Santiago no se percató, sólo ella que sintió una cosquilla caliente en su pierna lo cual logro excitarla en conjunto del panorama del hombre con el pecho descubierto; que aunque era una isla no acostumbraba a ver hombres con el pecho así de fuerte y hombros así de dibujados como los de él. Santiago no se percató de lo que le provocó a la extraña mujer. Pero aceptó internamente una atracción carnal hacia ella.
–Puedes quedarte, pero antes debo decirte que alguien mas vive aquí y que...
–Si, lo sé es un chico delgado de pelo corto, que habla mucho, se que vive contigo, pero prometo no molestarlo, y si es necesario que no le moleste, ni tu ni él serán molestados por mi, haré lo necesario para... –Santiago la detuvo con una risita
–tranquila, no le incomodará en lo absoluto, por el contrario, tendré que encargarme que él no te importune a ti.
–pero ¿por que?, ¿es malo? –esa era una típica pregunta con raíces infantiles, “bueno”, “malo”, como frases caricaturescas. A Santiago le causo gracia y le contestó amablemente con una sonrisa.
–No niña, no es malo, es... Simplemente un hombre, y bueno... es incontenible, de eso me ocuparé... es bueno. –finalizó con una sonrisa sincera y utilizó su idioma. Según él.
–¿Entonces sí? ¿me quedo?, –la morena no pudo contener una sonrisa que en el transcurso del día no había dejado salir, una enorme sonrisa que dejó relucir su perfecta dentadura y sus ojos brillaron de emoción tanto que parecieron mas claros de lo normal, un extraño tono violeta. Ese momento de alegría la orillo a él, se lanzó hacia sus brazos y Santiago sintió parte del peso de esa escultura sobre él y no pudo evitar sentirse a gusto con el abrazo robado por parte de la chica, era eso, una chica encerrada en el cuerpo de toda una mujer, o al menos eso parecía, se dijo para sí mismo. El la protegió con sus brazos durante casi un minuto en ese inesperado abrazo.
Al soltarse Deborah no retrocedía y se mantenía cerca de él, lo cual le provocó a Santiago un extraño miedo y puso sus pies dos pasos atrás.
–Debo continuar con mis actividades si no te molesta; tu sabes, trabajo, comida y cosas así de simples.
–¿tu crees que tu vida es simple? –interrumpió enérgicamente
–bueno... –tartamudeó por la pregunta –En realidad, a veces. –se dio la media vuelta y cerró la improvisada puerta del baño que, era en verdad un trozo de madera , jugando a ser puerta; estaba sobrepuesta dejando ver del cuello para arriba y de las pantorrillas hacia abajo. La chica se quedó estática y en todo segundo que pasaba inhalaba la emoción que se desprendía de su piel, convirtiéndose en sudor, la adrenalina poseía a la morena, sus ojos brillaban al imaginar...
Esa misma noche...
Sentir el aire por mi cuerpo es maravilloso, y esta tela rodeándome, acariciándome secamente, suavemente, deseando que sea ese hombre, sus manos me tocaron, sus dedos faltos de humedad me apretaron junto a su pecho, indudablemente es distinto a mi, y la realidad esa, de que no me conoce, no me asusta, lo asusta a él y... De donde vengo, el miedo significa ventaja para mi, tiene temor y yo lo tengo a él. Cuando el miedo se vaya, es preciso que él me tenga a mí... Si no... Jamás lo volveré a ver..
Al tiempo que iba pensando, Deborah se sentía cada vez mas hundida en esa suave cama; ellos dormían en catres y ella en una cama; Santiago consiguió traer una del hogar de sus padres, aquella que él solía usar cuando vivía allá. La mujer estaba batiendo rápidamente la actividad de esa casa, invariablemente era hermosa, una bella desconocida. Su cuerpo casi desnudo se movía de un lado a otro mientras dormía, el movimiento era impresionante, parecía disfrutar la cama, pero el movimiento era sensual para esos hombres, la casa era pequeña, ni pensar que habían dos cuartos, solamente podrían separarse de ella por una cortina improvisada que colgaba de un abanico de pedestal a un clavo que anteriormente sostenía un cuadro de un enorme barco y una sirena tratando de subir a él. Ellos podían ver a través de la sábana transparente que colgaba para intentar dar una privacidad a la mujer. Santiago lo evitaba, pero ese cuerpo dorado se movía y se movía, nunca imaginó que si ella se quedaba en esa casa provocaría insomnio, y mucho menos tanta pasión a la hora del sueño, a la hora de pensar en esos seres que le robaban la serenidad día y noche; por lo cual, la noche era completa para ellas, las sirenas robaban su energía y no sólo la de él, Felipe sufría del mismo mal apasionado. Esa noche las sirenas se habían ido casi completamente de la mente de Santiago, esas piernas que estaban a menos de dos metros de distancia comenzaban a calentar su cuerpo de manera incontrolada. Ella dormía y ellos veían.
Felipe calladamente, clavaba su mirada, posteriormente la culpa tomaba a su alma y daba la espalda a la estrella con cuerpo de mujer. No debía de demostrar que la chica le era atractiva enormemente, pero también sabía que no podría esconderlo exitosamente.
Santiago calló en un sueño profundo después de varas horas de extrañas emociones y en ese sueño estaba él, nadando en las profundidades rodeado de sirenas y mientras buscaba el rostro mas hermoso se encontró con uno tan conocido que podría jurar que... despertó, el ritmo cardiaco estaba acelerado y no podía recordar mas que el mar, si... Él nadaba y sirenas lo rodeaban pero, después algo mas vio que logró que un susto lo llevara a la realidad. Entonces el sol abrió los ojos dormidos a la fuerza, tanto que descubrió que era tarde, la palabra “trabajo”,le zumbaba en sus oídos, esa voz interna lo sacudía y lo levantó del catre; Felipe ya no estaba, y Ella... Sí, si estaba, tendida y su cuerpo mostraba una casi completa desnudez, su pelvis estaba tapada por esa sábana que jugaba con los Sentimientos de Santiago y sus pechos parecían quererse salir de esa diminuta blusa, el rostro estaba tapado con sus brazos, esa posición tan abierta, le abrió la boca al muchacho, y el estomago empezó a experimentar sentimientos extraños, de pronto Deborah se movió, Santiago de un salto se volteó tratando de encubrir su culpa, y ella, ni siquiera la sospecha tuvo que era víctima de un momento de lujuria.
Sólo eran siete días en los que esa mujer estaría ahí, Santiago pensó en eso, y un escalofrío recorrió su cuerpo.
Capítulo 4
Esos pies descalzos cubiertos de arena húmeda dibujaban una línea que quedaba borrada a poco tiempo de nacer, el agua salada del mar desvanecía la huella de ese ser extraño que paseaba en la isla, con la mirada casi perdida de tantos estímulos visuales, esta extranjera sentía como el aire acariciaba su cuerpo y al entrar por su nariz la avivaba cada milésima de segundo.
Algo la detuvo, incluso la hizo retroceder unos pasos, encontró una tienda concurrida de enormes tiburones colgados, eran titánicos y luctuosamente muertos, estos especimenes marinos tan temidos eran la atracción de los excursionistas, pero ella no era una turista común y corriente, las náuseas la embistieron, un mareo insólito la tambaleó hasta casi caer, pero un hombre que trabajaba por ahí cerca vendiendo fruta logró sostenerla antes de que caer.
–¿Qué sucede niña? –preguntaba una y otra vez con un acento puramente costeño. Después de unos segundos ella contestó envistiéndose de seguridad…
–nada, nada, solo fue una sensación fea, pero ya pasó; agradezco su atención, bondadoso hombre. – Él familiarizado con pronunciaciones extrañas y conjugaciones mal acomodadas de los turistas, no se sorprendió por la forma poco común de agradecer, al menos de la gente de la Isla de la luna.
Abrió la puerta del tejaban, sin tocar, sin preguntarse si alguien estaría ahí, solo entró; vacío, todo estaba en su lugar, pocas cosas que acomodar, pero todo en orden, pulcro; un poco de arena que se cuela por la ventana inevitablemente, pero nada que una escoba no pudiera remediar de forma rápida. Ella era maravillosa en todos sentidos, y los hombres que vivían en ese lugar lo habían empezado a apreciar. Pero un hombre también teme, y ambos tenían una sensación de desconfianza por la extraña situación, completamente inusual pero indiscutiblemente excitante.
Los paseos nocturnos de Santiago y Felipe se interrumpieron por una noche, los tritones estuvieron solos aquella madrugada, al menos eso es lo que los chicos pensaban. La espera los llenaba aún mas de emoción, y planearon un paseo distinto, buscar el lugar donde la luna se distinga en línea recta, de manera que estuviera completamente encima de ellos, ahí danzaban las sirenas, ahí estarían ellos; sin importar las dificultades para llegar, sin pensar en las secuelas.
…
Comida servida, mezcla de aromas vagando por un pequeño lugar, el calor del caldo de mariscos, y unos filetes de pescado frito, decoraban la pequeña mesa de madera añeja, una flor extraña decoraba en el centro y ella esperaba sentada a los dueños de la casa. La noche enmudecía cada vez mas a la comunidad de la Isla, y el sueño pesó en esos ojos de extraño color. La cabeza se le balanceaba de un lado a otro y a veces despertaba asustada y apenada de imaginar que la estuvieran observando mientras dormía sentada junto a la mesa decorada. El caldo era frío ahora, igual que el viento que ingresaba libremente por la ventana, haciendo bailar a la cortina blanca que ella misma había colgado esa tarde, los hombres no volvían, y verdaderamente se sintió sola, hambrienta y desguarnecida, como nunca había estado en su vida; ese momento ella aceptó que las decisiones pesaban tanto y que arrepentirse sería igual o mas duro de lo pensado, mas bien no había lugar para arrepentimientos; “la vida no es igual en todos lados” se dijo para sí, simplemente no lo es.
Me da miedo salir, me da azoramiento abrir los ojos. Mi imaginación es tan grande que me asusto a mi misma, solo tengo unos días mas, y no he hecho nada, solo un caldo que nadie a probado y un triste pescado con sal, la sal del mar no a tocado mi cara, y la necesito fuertemente, siento como mi piel se deshidrata al igual que la piel de...
Santiago es para mis ojos maravilloso, para mis manos ásperas es como alimento, y nunca había sentido algo así, lo vi descubriendo un mundo distinto, vi cuando observaba a los tritones, vi su éxtasis, tal vez desea ser como ellos, pero se que algunos de ellos en el fondo desean ser como él; por eso si lo descubrieran mirando, lo matarían, los matarían a los dos. A menos que un ser marino con una capacidad cerebral superior los mire a los ojos. Por eso ya no temo por sus vidas.
... ahora ellos me deben algo a mi...
La vida es tan valiosa que olvidamos la cifra completa, olvidamos el precio; en este sentido la vida aquí o allá es lo mismo; me deben un abismal favor y aún no lo saben.
Las olas calmadas mostraron compasión por ese par de costeños que buscaban como a un tesoro a las sirenas, pronto clarearía, y a lo lejos vieron algo, pero podría ser un delfín, ¡podría ser una docena de delfines!, o una docena de sirenas; estaban aún lejos, pero si se acercaban más tal vez ellas partirían asustadas, o simplemente precavidas. La fantasía era tan grande que olvidaron la posibilidad de que fueran delfines y también la posibilidad de que se fueran al ellos estar mas próximos, pero de pronto no hubo saltos, y el mar estaba quieto otra vez. Dos corazones trotaban rápidamente y disipaban las esperanzas cada vez que se allegaban mas al... al momento de llegar voltearon al cielo y la luna residía encima de ellos. Debajo estaban las sirenas, estaban; se habían ido, cosa tan lógica; hasta los mas descerebrados peces lo hacen.
La lógica del pescador les falló. El regreso sería tan triste como largo. Las ganas de ambos por echarse un clavado y examinar en el mar era inmensa pero, empezaron a reconocer que sería inútil y que volverían aparte de todo con un recuerdito; un resfriado de los buenos.
¡Deborah!, ¡Deborah! –Deborah se despertó y creyó haber escuchado su nombre. Pero nadie estaba; talló sus ojos, se estiro y fue donde sintió un enorme vacío que lastimaba su interior; su estomago estaba reprochando la falta de alimento y al ver la suculenta comida que ella misma había preparado, el apetito volvió casi de inmediato, parecía que despertara de un mal descanso; la espalda ya dolía, Deborah toco su vientre plano y tocó los huesos de la cadera, sonreía al verse, acarició sus piernas y las abrazó junto a su pecho, seguía sentada y su cuerpo completo estaba dibujado encima de la silla. Caminó al baño y descubrió el viejo espejo, manchado de arena, lo cual no le permitía ver claramente su rostro; limpió el espejo con un pedazo de papel algo mojado y se descubrió a si misma, el reflejo era franco, mostraba el bronceado de su piel y una mirada hipnotizante, tanto que ella misma se temió, lo cual le produjo risas, su dentadura era perfecta y sus labios llenos de vida, su cabello acariciaba su espalda baja; se le formaban rizos en las puntas; en eso un ruido la hizo dar un pequeño salto del susto; habían vuelto y en verdad no merecían las atenciones, era casi la hora del desayuno, quién desayuna pescado frito, ese ya no era su problema; se despidió del reflejo y se mojo un poco la cara, pero evitando que el agua tocara el pelo.
Quedaron helados al ver la transformación del lugar y la comida; el reloj marcaba las seis de la mañana. La pena inmovilizó los músculos faciales de ambos y no había nada que decir; una princesa apareció y los miró fijamente guardando las palabras para otro momento. Esas piernas eran el mejor regalo, mas que el olor que aún los recibía, pero no se movían, ni ellos, ni las piernas color ámbar, Santiago logro mover su quijada entumida y olvidó el fracaso de su viaje, el cansancio y todo lo demás, ella se fijó en la mirada de él y él no pudo negar el inmenso deseo que comenzaba a crecer. Hipnotizante, provocativa, inteligente, mas que cualquier otra que halla visto y tenido cerca, pero era vergonzosa la llegada, ellos no estaban mojados pero olorosos sí, el sudor llegó hasta la nariz de la mujer y logró que le hormiguera, se rascó y consumó un gesto de desagrado, lo mas disimulado que pudo pero Santiago la veía y lo notó; se miró a si mismo, sucio, sudando y viviendo un calor sofocante, hasta entonces se percató de los minutos en mutismo que habían pasado y no solo una elipsis yacía, tambien la ausencia de movimiento; los tres parecían estatuas, hasta que Felipe se agitó fuertemente la cabellera y colocó la mochila que cargaba en el suelo y raspó su garganta emitiendo un sonido; entonces Santiago hizo lo mismo, puso su mochila en el suelo también y se acerco unos pasos a ella , Deborah tenso su cuerpo y suspendió su respiración por largos segundos, hasta que el sin tocarla le habló.
–¡hola! –un hola lleno de energía y tan vacío que no logro recibir respuesta– ¿cómo has estado esta tarde?, o mas bien –titubeando – mas bien; ayer, ¿cómo estuviste? –sentía como la cabeza se bajaba por si misma, sometiéndolo por la culpa que sentía de haberla abandonado sin ni siquiera indagarse cómo estaría la inquilina que en menos de un día logró que esa casita se viera decente, y esa comida que mas bien parecía un manjar después de un largo viaje.
–Bien, estuve bien, –un seco “bien” y una leve sonrisa, sus ojos estaban cansados al igual que los de ellos.
–Permíteme que te ofrezca una disculpa por –ella interrumpió haciendo una negación con la cabeza, el “No” formado se clavó en ambos aumentando la angustia. –Pero... –quedó sin palabras y con la boca abierta, ya no tenía que decir.
–No, es que no pasa nada, nada pasó aquí, creo que es hora que se bañen y vayan a trabajar, sé que lo que en la mesa esta servido no es digno de ser un desayuno, pero aún hay mas alimento por preparar que no caiga con tanto peso para sus estómagos y –Santiago la interrumpió, esta vez colocando su dedo índice en los labios carnosos de la mujer, ella sintió ese trozo de piel en su boca e indudablemente las palabras se acabaron.
–De ninguna manera, comeremos lo servido después de la ducha y no quitaré mi dedo de tu boca hasta que prometas que nos disculparas las malas atenciones o “las no atenciones” –el dedo posaba sobre esa boca mientras que con el otro brazo le sostenía suavemente el brazo derecho de la morena. Una sonrisa tibia y resignada se formó en ese rostro privilegiado.
–Ahora iré yo primero a la ducha, si a Felipe no le molesta y luego almorzaré; en verdad si es tarde –dijo al tiempo que bostezó ampliamente.
–No hay bronca, tu báñate, mientras yo almuerzo – se saboreo la comida y comenzó a prender la estufa y puso la comida en cacerolas.
–Tu puedes dormir, te ves cansada; ven –la jaló hasta su cama y luego la soltó para prepararle la cama.
–¡Espera! –Santiago volteó a verla –es solo que... no he comido tampoco y ... –y la pena recorrió de nuevo a Santiago.
–Pero, –los ojos mostraron la angustia –perdóname por favor, no pensé que.–Ahora era ella quien recargó su delgado dedo sobre la boca de él y Santiago tuvo un extraño deseo de buscar con su lengua colocar ese dedo dentro su boca. Pero se contuvo. Miró a esa parte tan delicada de el cuerpo y su cuerpo estaba mas tenso que de costumbre.
–Vamos a comer juntos esta mañana, así puedes reparar lo que pasó y no hay problema alguno, ve y báñate, yo termino de arreglar mi cama para después que almorcemos, –Deborah quitó el dedo y lo llevó a su cuello de una manera seductora y la resbaló discretamente hasta el inicio de sus pechos, después estiró sus brazos para dejar salir un sensual bostezo acompañado de cálidos y lentos movimientos de cadera.
–¡Si! –fue todo lo que pudo decir, pero fue un si tan lleno que Deborah quedó complacida con la respuesta y le regaló una sonrisa de nuevo.
El baño se llenó de vapor, y el espejo quedó por completo cubierto y oculto de Santiago; Felipe estaba almorzando, de hecho comiendo sus últimos bocados.
En menos de cinco minutos se había ido a trabajar, con brazos y hombros cansados, de tanto remar. Estaban pagando un precio por intentar penetrar a una vida ajena, a una vida que no les correspondía vivir.
Santiago estaba fresco, un poco mas renovado, después de todo era un hombre fuerte; Deborah estaba esperando en la mesa y Santiago la alcanzó, sentándose frente a ella, Deborah se sentía lejos de él, pero aguantó el ansia de tocarlo, Santiago sintió lo mismo pero no pudo aguantarse, la carne es poderosa, pensó al tiempo que acercó su silla junto a la de ella, lo cual no pudo haber sido mejor regalo para la chica en ese momento, sonrió mostrándole la aceptación de haber puesto la silla mas cerca de ella. Comieron y bebieron un poco de jugo de frutas, cruzaron palabras cortas y... todo se había terminado, la comida se acabó y el tiempo apremiaba para Santiago, se levantó y antes de irse lavó su boca, al salir del baño la vio sentada aún en la mesa, él se acercó cautelosamente a ella y un beso llegó a la frente de la morena, se miraron con complicidad y el silencio permanecía presente. Él salió del jacal y al cerrar la puerta Deborah parecía deshacerse del éxtasis, saltó de la silla y comenzó a hacer ruidos raros y ha hablar en otro lenguaje extraño; se acostó en su cama, se levantó y tomó una playera que Santiago tenía sobre su catre, la puso en su cara y luego inhalo aire filtrado de la playera blanca. Suspiro tras suspiro la llevó a un profundo sueño; la playera quedó tendida en su pecho y su pecho subía y bajaba en un ritmo tan pacífico que cualquiera podría gritar al lado de ella y no despertaría.
Capitulo 5
Un par de días pasaron...
Te voy a formar un refugio de amor, mi vida entera te la dedicaré a ti, por las olas mas poderosas te puedo jurar que el cielo ya no será mas tu necesidad, solo intentarás mirarlo de noche y que el mar será suficiente; que la tierra se secará de tus recuerdos, nuestra descendencia será grande y lucharé para que seas la madre de nuestro mundo, que no haya otra como tu, guerrearé para ser el mas poderoso y estés orgullosa de mi; nuestra especie estará jactanciosa de nosotros; solo sumérgete y no voltees hacia arriba.
Las palabras no fueron suficientes y ...
El deseo me movió de mis raíces, pero ellas son tan poderosas que siento que me jalan hacia donde ya no quería estar, pero me siento tan sola, tantos seres como los que admiraba y deseaba ser... y nada, me siento invisible solo me ven con una mirada vacía de un extraño e incomodo deseo, el mismo que me hizo cambiar, el que transformó mi cuerpo.
Claro me queda que el deseo nos mantiene vivos, pero mas allá transforma y une... separa y me aleja aunque esté solo a unos pasos de distancia de lo que mi corazón necesita, me siento estúpidamente mal, y no sé si es mi hora de partir, o realmente tengo que esperar al día del juramento, si yo se que jurar es malo, ¿por qué lo hice?; regresaré antes del día señalado y mi cuerpo se deformará, estas piernas quedarán pegadas por el resto de mis largos días; ¿por qué las sirenas nunca mueren?, ahora pienso que es insano, las arrugas de esta gente son señales, son marcas que les muestra que su vida valió la pena o no, les muestra su experiencia y les recuerda su estado natural, la muerte es un descanso; aunque ellos lo vean como el sinónimo de dolor, es terriblemente cansado no morir; los mares podrían estar llenos de nosotros, pero la fertilidad es mas dura en nuestra especie; algún día comprenderé por que.
¿Por qué las sirenas no mueren?, mueren los tritones, las sirenas no; la naturaleza es sabia, pero es triste tener miles de esposos, y dejarlos ir, no poder acompañarlos, no... si quisiera hacerlo lo haría ahora, si quisiera cerrar mis ojos perpetuamente, simplemente no retornaría el día en que me comprometí a regresar, y la muerte me llegaría algún día en mi constitución humana; mis piernas se cansarían alguna vez y mi corazón dormirá un día por siempre.
Que estupidez hablar sola, el viento me ignora, y la gente me mira raro, el mar me llama con cada sonido, con su olor, y su quietud, su furia, el mar me ama y yo lo veo aquí sentada sobre un trozo de madera; pensar que la luna llena no se ve igual de aquí, pensar que él no entiende mi idioma, desea a la que ya no soy, y ni eso, desea a la que sea, solo quiere un pedazo de cola de pez, y unos pechos desnudos sin vergüenza en vivir destapados, solo eso, que estúpido es él, incluso mas que yo.
Las gaviotas necesitan del mar para vivir, los humanos, yo, ¿qué estoy haciendo aquí?.
La soledad la empujó al mar y un clavado la sumergió cada vez mas y mas a lo profundo del señor océano. Sus piernas seguían abiertas de par en par, y ... la respiración no era suficiente, los humanos no pueden aguantar mas de ... Ella no lo sabía, sus pulmones carecían de fuerza y su organismo estaba dándole las señales mas claras de ahogamiento...
Un ser con brazos fuertes la elevó con una velocidad implacable hacia el exterior, la impulsó con tanta fuerza hacia el viento, empujándola hacia la orilla del mar, su corazón se amarró y la abandonó ahí, a la suerte, a su buena o mala suerte, a su destino. Algún maldito ser humano la tiene que ver media muerta –pensó el tritón– se hundió en lo profundo con la tristeza recorriéndole cada escama, cada parte de su monumental cuerpo; el día era peligroso para cualquiera de ellos, podría significar la muerte de la especie; el ser humano MATA; por dentro el terror le susurraba al oído: ellos matan. Y siempre se ha sabido.
¡Auxilio! –gritó una niña al ver a Deborah tumbada a la orilla del mar; muriendo, algo que antes no podría suceder su cuerpo humano moría y se llevaba consigo un alma nacida en las profundidades del mar. Un hombre acudió rápidamente al rescate y ella veía un rayito de luz que de forma borrosa le mostró a un hombre, un bulto, un... nada había durante un lapso de tiempo... ¿un tipo de muerte?, ella no conocía los desmayos, para ella fue como morir un rato.
Las horas pasaron y la mujer estaba ahí, en un sitio extraño, pero sentada sobre la arena, ¿por qué no pude llegara a casa?, ¿por qué no..?
–señorita, ya está mejor, ¡que bueno, por que, ya se hace tarde y aún no encuentro un solo documento que me diga de donde viene, con quien me comunico, ¿cómo se llama usted?, ¿que hacía cuando la hallaron ahogándose, acaso no miró que la marea está muy alta? –una sirena nunca se ahoga, y ...
¡Que tonta!, el juramento decía que el día siete después de irse del mar regresaría, si ella se arrepentía de pisar arena, respirar viento las veinticuatro horas del día, el resto de su vida. Y entonces por eso casi muero, pero ¿quién me... ayudo?, ¡Jasón! ¡Eran los brazos de Jasón!, mi prometido; ¡no, pero!, pudo haber sido cualquiera, ¡Jasón! –el nombre retumbaba en sus oídos; ¿por que me ama tanto?, ¿por que yo no lo...?; ¿por qué siento que amo a un humano que no me ama?, por que su nombre no me retumba en la mente como el de ¡Santiago!, ¡Santiago!, ¡Santiago!, ¿por qué no me ama?, una voz interior le susurró: ¡por que los humanos no aman así!.
¿cómo aman los humanos?
Mientras caminaba a casa de esos hombres, pensaba en que tal vez sería la última vez con esas piernas que se abrían y cerraban tan hábil y graciosamente, y la última vez en que vería a Santiago, ¿por qué el tiempo importa tanto para ellos? ¿por qué no pueden dejarse llevar por el sentimiento que lo posee todo?, ¿por que dudan tanto?, ¿por que quiere lo que es distinto a él,?, ¿por que razón no amo a Jasón?, por qué Jasón me ama a mi y no a mi hermana, o a quien sea, parece chiste pero esto es así, yo lo amo a él, él quiere amar a una sirena, esa de seguro desea a Jasón, todas lo desean, Jasón me ama a mi y yo que ya me di cuenta de que todos huimos de todos, sigo haciendo lo mismo; ¡soy la peor de todas! –cuando dijo esto entre dientes ya estaba frente a ese jacal que encerraba emociones mas que objetos, el color café que cubría el lugar, mostraba un aspecto añejo y melancólico.
Deborah entró, dejó caer su cuerpo de mujer sobre la cama, y ni siquiera volteó a ver a ese hombre. El sueño la inundó y quedó rendida sin pensar mas nada.
Santiago sintió cuando la chica llegó y olió una extraña mezcla de humedad con un perfume muy natural que se despedía del cuerpo de Deborah y sin pensar en nada sintió como sus músculos se endurecían, la tensión excitante lo despertó aún mas y no pudo evitar recordar todos esos momentos que la había estado deseando; y queriendo introducirse en esa cama y besarla; pasión, éxtasis, falta de control, bestialidad y sexo; era lo que sentía al verla; calor, humedad, escuchó unas palabras raras saliendo de la boca de esa mujer que quedaba dormida; todo eso deseaba al verla a menos de dos metros de distancia; él casi desnudo, sólo bastaba intentarlo; él sentía que ella lo deseaba así; y había sido un tonto al no querer verla mas allá de la primera dimensión; siempre hay mas dimensiones que observar; tocar y vivir. Se levantó, su cuerpo entero estaba dispuesto, brillaba su frente mojada; pensó por dentro que debía ser suave con ella; dulce; sincero y completamente complaciente; el egoísmo no cabía en ese instante; pensar en ella era la clave de todo; la clave de tenerla cerca; la de la satisfacción y de seguirla teniendo; ella dormía y sus piernas parecían disfrutar su ultimo día de vida; tan sensualmente abiertas, descubiertas, solo se ocultaba un poco de ellas; Santiago se sentó en la cama y ella sintió como la cama se desnivelaba suavemente, pero no abrió los ojos; él la miró y sintió algo; ternura; eso; lo recorrió pero pronto se deformó en pasión de nuevo; excitación, el quería jadear y quería despertarla ya; y ella dormía.
¿Cómo robarle siquiera un beso?, ¿cómo hacerle el amor a alguien que parece de otro mundo,? Un ángel; una criatura descomunal, vasta, llena, completa y exuberante, desbordante y que me enloquece sólo de olerla; quiero tenerla; ni siquiera el deseo por las sirenas me han producido esto, olvidaría a esos seres por sentirla ahora mismo. Por hacerle el amor noche tras noche, al despertar por la mañana, por un beso cada que mi boca se anime, por oírla cerca de mi; ¿por qué es tan extraña?, tal vez por eso estoy apunto de saltarle encima.
Tal vez no se marche mañana, tal vez si le pido que se quede; ella dijo que mañana se iría, recuerdo el frío cuando ella no estaba; y recuerdo como la locura entro por esta puerta, el día que llegó y nunca olvidaré; tal vez si .... la beso y la despierto y le digo lo que... le hago lo que ....
Tal vez
Capitulo 6
Ab mio pectore - Con todo mi corazón
Los tambores africanos, los sonidos naturales; estaban retumbando en mi cabeza; mi instinto bestial me orillaba a ella.
Mujer, piel, aroma, tentación y milagro; juego de emociones, sueño y realidad; no se si es día o noche; verdaderamente irrelevante es mi tiempo y el espacio; una mujer lo puede ser todo y mas una como tu; la cordura no existe entre este espacio, tuyo y mío; mas tuyo que mío, por que te veo y acepto que no tengo nada, ni me interesa tener; que solo quedes tu; la cama y tu; dormida o despierta; de las dos formas me enloqueces; realmente no eres tu, acepto que enloquezco por mi debilidad, mi debilidad es tan grande cuando clavo mi mirada en tus hombros, en tu cuello, el viento te besa y yo cubierto de miedo te observo en silencio como estás sola, sola en mi cama; le llamaré pasión; esto es lo que siento; ay que ponerle nombre a todo, ese es mi lado controlador; ya que no puedo tenerte en mis brazos; bautizaré a este día; como “el día de la magia”; pareces irreal; y yo un verdadero estúpido, ¡pero que bella eres!, eso me mantiene aquí, demente; soñándote despierto.
Un hombre también escribe al amor.
La nota finalizó y cada letra fue sangre, fue energía, fuego; Santiago apretó el lápiz entre sus manos; y el pedazo de papel que cargaba tanta pasión lo instaló sobre la mesa de madera antigua y oscura; su mano varonil temblaba; de miedo y cansancio.
Ella dormía, y él... con todo su corazón se despedía de esa imagen viva, real, caliente, tentadora; ese cuerpo de canela; él le decía buenas noches sin emitir ningún sonido; un buenas noches de corazón a corazón.
Y el corazón femenino despertó de un sueño suave, abrió los ojos y su sueño quedó guardado en lo profundo de su aparato psíquico; el tiempo había llegado y de pronto lo recordó, volvió a la realidad el hecho de su regreso, de ese desprendimiento físico. Su libido lloraba y al observar no había nadie. Miró la mesa y descubrió el desayuno servido y una nota.
La tomó entre sus dedos, la abrió mansamente y respiraba el aire espeso de la emoción tan extraña e indescriptible.
La nota decía:
En tus labios llora mi sed, llora por que son el mejor elixir, por que necesito beberlos.
Santiago
Deborah sintió una gota que nacía e inconteniblemente se convertía en un pequeño río de lágrimas que se situaron en la comisura de sus labios y al volver a leer las palabras de Santiago, pensó en que sus labios efectivamente parecía que lloraban, pero no una sola sed; eran dos y el elixir fue magnánimo.
Colocó el trozo de papel con cuidado en su pecho y se imaginó con el, volaba tan alto que las nubes estaban bajo sus pies descubiertos, hambrientos de seguir existiendo; pero algo la arrastró a la tierra de nuevo, a la arena, a un lugar oscuro y callado, volteó a su alrededor y confirmó que estaba sola y aparte de eso, el día había llegado, el día del juramento, debía regresar antes del anochecer. Ahora la transformación se realizaría si su cuerpo se sumergiera en la profundidad del mar, ahora si, sus piernas celestialmente formadas estarían muriendo; todo cambiaría, ella lo sabía y comenzaba a aterrarla aún mas, era la aventura mas inaudita que había curtido.
Las horas pasaron dando maromitas por la cabeza de la chica.
Hasta que la noche llegó; parecía una noche siniestra, con sombras poderosas que lograban evocar alto grado de inquietud…
Deborah tomó con manos temblorosas un vaso con agua y sació su sed; perdió su mirada en la ventana que le dibujaba el viento soplando violentamente contra las palmas; ¡que vacío escenario el de afuera! Y ¡que sola estaba ahí adentro! Y tuvo miedo, sin embargo ya lo había decidido, ella saldría en ese mismo instante, sin equipaje, solo con gran cantidad de emociones desbordándose, cultivadas en un mundo humano, con matices pronunciados, donde la inseguridad es lo mas seguro de vivir.
Su piel estaba sedienta, seca y moribunda.
Describió internamente la palabra añoranza y sonrió irónicamente pensando que el mundo al que intentó penetrar estaba carente de magia y esa necesidad impetuosa de sentirse parte de una sociedad, pieza fundamental de un hogar, deseaba sentirse mujer… pero no lo era.
De forma insospechada nacen y crecen fenómenos inexplicables e inexorables que al brillar un poco en una noche como esa, los cielos se vuelcan inquietos.
Si la mirada humana se perdía por instantes hacia ese abismo negro, podría distinguirse cosas extrañas de lo alto, más que excentricidades atmosféricas.
Las coincidencias parecían más que sólo eso en la vida de Santiago, se hilaban dos mundos de forma prodigiosa y él, aún no descifraba esos códigos.
En el reino del mundo marino está lo oscuro y flemático; aquellas cosas que ha tratado de descubrir el hombre, sin pensar que en esa búsqueda de forma simultánea van creando un muro donde se conserva el resplandor de lo que no creen, de lo que el escepticismo oprime y limita.
La naturaleza no revela sus misterios de una vez por todas
Séneca
…
De pronto el piso la recibió a Deborah sin aviso, todo daba vueltas y oía voces que decían casi empalmadamente:
“Te voy a formar un refugio de amor, Donde estés bien, ahí es tu patria. La comedia ha terminado, No moriré del todo.
Con todo mi corazón …
por ultimo escuchó su propia voz resonar muchas veces...
Deborah, Deborah…
Te amo te amo te amo te amo.”
Y como el destino se encarga del resto y teje con sus propias manos ...
Santiago llegó, pensaba en las palabras que le diría al tenerla de frente, imaginaba sus miradas y cada reacción que pudiera esa hermosa mujer tener al enterarse de lo que dejó escrito, de pronto la tuvo enfrente a unos pasos, yacida en el suelo y sintió un vuelco en el estómago, se acercó a ella, tan cerca que la energía lo atraía hacia el piso, quedó impresionado al escucharla delirar y repetir entrecortadamente:
“Te voy a formar un refugio de amor, Donde estés bien, ahí es tu patria. La comedia ha terminado, No moriré del todo.
Con todo mi corazón Te amo te amo te amo te amo.”
Cuando pensó que había escuchado todo, la voz de Deborah salió mas clara que lo anterior y pronunció suavemente como un susurro...
Santiago
Esa palabra lo dijo todo, ahora dormía como un ángel; pero Santiago no sabía que el tiempo se disipaba imparablemente en contra de él. El tiempo mata y no se arrepiente jamás y siempre actúa sin mirar a quien tumba, a quien arroya y así mismo sabe olvidar radicalmente.
…
Mientras algo pasa en algún lugar del mundo se cree que es una totalidad y nada mas ocurre, pero todo ocurre en un mismo segundo, gente muere, gente nace, llora y ríe acaloradamente, al mismo instante que alguien hace el amor con todo el corazón, ese mismo instante otro es cruelmente abandonado, mientras eso ocurre otra persona escribe una canción y un ser al otro lado del mundo se quita la vida, todo pasa en un segundo y no hay tiempo para imaginar que esto en realidad es así. Solo yo y basta con saber y creer que solo yo existo, el egoísmo nos posee, así es la raza humana, creemos que estamos solos, y pasan de largo otras especies y mueren a nuestro lado, morimos al lado de otro y no nos ven, ni escuchan, lo mas aterrador es que no nos sienten caer sobre sus pies.
En lo profundo del Señor mar, había sangre disolviéndose lentamente, lagrimas perdidas de manera mágica y un ritual que movía las olas de manera cada vez mas fuerte; cincuenta tritones de espalda ancha y ojos tristes hacían rituales de lamento, golpeaban sus pechos con trozos de concha afilada y golpeaban su cuerpo contra los corales mas hermosos, lo repetían tantas veces hasta el cansancio; llorar, golpear, cortar el pecho; al final la sangre formaba una nube de mar roja sobre sus cabezas, y los tiburones comenzaban a saborear carne pero eran tantos tritones que la media vuelta era mejor que pelear, aún al estar destrozados el poder del tritón era inimaginable; la naturaleza es sabia, una media vuelta ponía a salvo a cualquier especie que anduviera acechándolos por ahí.
Las sirenas sufrían igual, mas no se herían a si mismas, lloraban, sus ojos de colores formaban prismas hermosos; ni el llanto opacaba esa luz; formaban figuras en el mar, eran incontables las sirenas que se unieron al lamento, cientos, miles, no se sabe, salían cada vez mas de escondites, se veían abrazos, besos, se sentía el dolor mas profundo en el lugar mas profundo del mar.
La matriarca habló, el silencio llegó al oír su primer palabra.
…Hermanas, hijas, todas sufrimos, la costumbre de vernos, de oírnos y tocarnos nos hace olvidar que aunque no morimos en cuerpo en alma sí y nos hace olvidar que la otra parte de nosotras si se va, por siempre, nuestros hijos, esposos y hermanos.
Hoy se fue uno y nunca volverá, claro está, aunque en las formas que el agua crea con su espuma nos revele su rostro, será un eterno recuerdo, será nuestro espejismo. Muchos se han ido, tantos que si me preguntan por qué lloro, no sabría que contestar, si podemos acostumbrarnos a tenerlos, ¿por qué no a dejarlos ir, sin dolor?, ¡no hay respuesta!–dijo esto último con tanta angustia que su rostro era el mas claro ejemplo del dolor, mas de pronto controló sus músculos faciales y formó una sonrisa– nunca podré responderlo.
Hoy no dormiremos, esperaremos a nuestra hermana, ella volverá hoy, y aprenderá a valorar lo perdido, lo que tenía y se fue, aceptemos que murió con tanto dolor, dolor de amor.
Jasón está en nuestros corazones, la noticia le será dada a Deborah en cuanto llegué aquí, ¡ nada de fiestas por verla!, nada de nada.
El gran padre le dará la noticia y todos estaremos ahí. –un dedo se alzó en petición de palabra, era un dedo tímido proveniente de muy lejos, Susema la hermana menor de Deborah angustiada se atrevió a cuestionar.
–Dime, ¿cuál es tu asunto por aclarar? –la matriarca alzó la ceja de forma interrogativa y altiva a la vez, se expresaba dura como la roca mas sólida.
–Mi cuestión es –la garganta le dolía de la angustia– es solo una, ¿y, si no vuelve? –Murmullos comenzaron a nacer, crecer, hasta formarse un ruido avasallador – ¿qué pasa si no vuelve? –volvió a cuestionar mas fuerte. De manera preocupada se acercó hacia el estrado, donde yacía la mas grande de las Sirenas. –La matriarca emitió un sonido extraño que silenció de inmediato a todas.
–Si, buena pregunta, ella lo deseó y se fue, hizo lo que nadie había hecho, mas que... –se interrumpió para tomar aliento.– mas que yo –de nuevo comenzaron los susurros desencadenados por la noticia, nadie sabía, al menos nadie parecía estar enterado. –¡Silencio!, esa es mi historia y hasta ahora es sólo mía, nadie puede decir nada hasta que yo exponga lo real, lo preciso; hasta entonces el silencio es prudencia y la prudencia obligatoria. –relajó su cuerpo y se decidió a proseguir. –Bien, decía que, logró su deseo; obtuvo lo que es casi imposible; para esto, tienen que desearlo inmensamente, ella lo hizo, se requiere valor, lo tuvo y lo esencial necesitan fe y una especie de amor, que nace desde aquí –dijo acariciando el agua de manera melancólica. – y desemboca allá – y señaló hacia lo alto.
Considerable es la información acerca de los humanos, ¿saben?, yo la traje; lo que conocen yo lo sumergí conmigo por el resto de mi vida y lo brindé a esta que es mi casa, mi hogar, mi eternidad. ¿Comprenden ahora, tantos porques? Ella regresará; solo tiene una oportunidad para ser perpetua y no sabe aún que la eternidad, no lo es todo y por eso volverá. –explotó en voces la masa de agua, exclamaban indignadas algunas y otras extrañadas y unas cuantas no sabían lo que pasaba.
–¡silencio! –tardaron en calmarse, amarraron sus bocas para escuchar una explicación. –¿qué sucede? –una mano se alzó de nuevo
–¿Tasha? Dime –La monarca la miró astutamente y le sonrío.
–Dices que –calló por un segundo para encontrar las palabras indicadas –dices que ella volverá por que no sabe que la eternidad no es suficiente? ¿No lo es todo?, entonces estas sugiriendo que no tiene sentido lo que hacemos, y con eso ¿que tratas de decir?
–ohh, ahora entiendo el asunto, disculpen, es algo que se vive y si se cuenta no se entiende; pero lo que les trato de revelar es que la única manera que yo concibo para que ella no retorne es que no tema.
–¿Pero, que es eso de que no tema? ¿Por que lo dices? –preguntó otra Sirena alterada –A la distancia estaba Marina, la hermana de la matriarca, lo cual les indicaba respeto por poseer tanta edad, se acercó velozmente al lado de su hermana y decididamente habló para todas.
–Claro queda que si se fue, de valentía estaba llena, el saber que ellos matan, que ellos de verdad arrancan vidas y salir despojadas de nuestras aletas y aprender en un día lo que ellos tardan años en lograr, se necesitan mas que agallas. Para aclarar dudas, ella volverá si tiene miedo, aquí estamos para protegerla, la amamos y arriba no se sabe quien la pueda herir.
Esperemos hasta el último minuto su regreso y recuerden que no habrá fiesta. –en tanto se hubo dicho esto la matriarca tomó el mando de nuevo y declaró con coraje y autoridad indiscutible.
–La historia que me concierne es solo eso, mi pertenencia; si alguien tiene algo que decir, que lo diga, donde yo no escuche ni una palabra.
Si volví y temí, hoy nada temo. –Se levantó de su asiento de coral pulido y desapareció entre lo oscuro y frío.
Capítulo 7
Al mismo tiempo, al unísono Santiago descubría parte de la blusa de Deborah, por que logró ver algo extraño en su piel, descubrió su hombro y vio su musculatura como nunca la había hallado; sonreía al verla, anonadado de tanta belleza; del hombro posó su mirada hasta los pies dormidos y no vio ni una sola grieta, ni una sola mancha, eran tan lisos y tersos, tan suaves como los de un bebe, y la admiró aún mas, no pudo evitar ver sus piernas y las notó mas claras que sus brazos; observándola cada vez mas, la introducía en su pecho.
Ya no estaba solo y aún mas que esa compañía tan esencial estaba el sentimiento inevitable que une. Ella estaba desmayada en sus piernas y ahí despertó.
Al abrir los ojos, percibió una luz radiante, pero al principio todo era borroso, vio a un hombre sobre ella.
Pronunció:
–Amicus humani generis – que significa “amigo de la raza humana”, alucinaba, pero reaccionaba mientras el aire fresco se introducía en su nariz, renovándola, avivándola.
Al reconocer el lugar en donde estaba, al ver quien era el que la cuidaba, su corazón aceleró el ritmo y se sentó quedando de frente a él, volteó a ver su propio cuerpo y vio sus piernas, entonces suspiró, vio sus pies desnudos y mordió sus labios de miedo, sintió la piel erizarse y comenzó una gota a resbalar por su pecho, agua salada, parecida a la del propio mar; después no fue una gota, fueron muchas que lograron pegar la blusa a su piel. El miedo la tomo por completo y comenzó a temblar, su lengua no podía decir palabra.
Santiago estaba atónito también, era un momento extraño y no sabía que hacer.
– ¿estás bien? –preguntó Santiago, la miró tratando de encontrar respuesta en sus ojos. –Hace unos segundos decías cosas extrañas –el cuerpo moreno se tensó aún mas de terror –dijiste algo en otro idioma o no se, no entendí.–formó un gesto que delata rareza– ¿hablas otro idioma? –la explicación era compleja las sirenas hablaban el latín. Después de pensarlo un poco algo confundida contesto concretamente.
–Sé hablar otro idioma, el de mi pueblo, pero...
–¿De dónde eres? –Santiago preguntó extrañado, pero con el verdadero motivo de hacer platica, de tomar el tiempo con manos firmes tratando de amarrarse a el y llevarse a esa princesa mística hacia el desierto, hacia un lugar oculto y secreto tal vez..
–No importa, ¿o si? –Santiago frunció el entrecejo, extrañado por la respuesta, pero contesto condescendiente.
–No claro que no importa de donde eres, pero es curiosidad, tu sabes.
–Si, yo soy muy curiosa y te entiendo. A todo esto, gracias por cuidarme,
Algo la despertó por completo y la alteró aún mas, recordándole que era el momento de irse, era el verdadero momento de renunciar a la tierra. –Debo, –Tartamudeaba y no lograba explicarse–Debo irme y regresar, volver, ir a... tengo que, –Santiago la interrumpió, aproximándose suavemente a ella observándola seductoramente, pero con cuidado de no abrumarla mas de lo que se encontraba; Deborah transpiraba el miedo.
La tomo por los brazos y ella se inmutó, quedó dura, tensa, quieta entre sus manos.
–¡Por favor, no te vayas! –Deborah sintió como se flaqueó su cuerpo del espanto. –Sé que dijiste que te irías pronto, y el día de partir es hoy y...
–¿lo sabías? Preguntó anonadada con la boca entre abierta y la mirada intrigada
–claro, vengo contando los días y cada vez siento mas esto que...
–¿qué? ¿que cosa? –Deborah esperó una respuesta impaciente, quería saber que sentía por ella.
–pues, no sé, esto que no se cómo explicar. –dijo tocándose el pecho, la miró con mirada interrogativa y confusa.
–lo siento, –dijo desilusionada, al haber esperado demasiadas cosas en esa respuesta, se soltó bruscamente de sus manos y corrió hacia fuera, y sin decir nada corrió y corrió, tal como el trote de una yegua salvaje.
Santiago extrañado quedó inmóvil y después trató de seguirla pero no entendía el acontecimiento y quedó inmerso en la parsimonia y los pensamientos irrazonables de lo que había acaecido. Buscó a Felipe, su amigo se habí marchado, dejando una disimulada nota sobre la mesa…
Vuelvo algun día , vas a estar bien…
Tu amigo. FELIPE.
Corría, la arena sentía las pisadas de dolor, y el dolor se mezclaba en el viento caliente que circulaba aquella tarde a punto de transformarse en tinieblas; sus manos prensaban a la nada que la invadía por completo, una especie de vacío que la jalaba a seguir corriendo sin ver, sin mirar hacia ningún lado, el cuello cansado soportaba la cabeza ya con poca fuerza pero aún mantenía el trote, de pronto se percató que nunca había sentido el roce de sus piernas de esa manera tan fuerte y rápida; nunca había corrido de ese modo y el sudor se libero por cada poro de su piel, era una emoción nueva, que tal vez pronto moriría eternamente; la eternidad es castigo, pensó y posteriormente sin cansarse solamente de pronto se detuvo, encorvó su espalda, tomó aliento y comenzó a brotar un llanto, el llanto que avergüenza de pronto y nos hace agachar la cabeza y contener todo sonido que quiera salir y nacer para morir acompañado de una lagrima o dos; con tanto dolor la arena la recibió, se abrazó a sí misma formando un bulto, una especie de protección regresiva, simulando la posición de un feto y ya era de noche, la oscuridad avanzaba tan deprisa logrando sombrear el paisaje tan artísticamente dibujado como tan solo la naturaleza puede crear.
¿Vivir un tiempo y sucumbir de amor o vivir por siempre anhelando morir?
Decisión delicada; cuando la confusión invade el alma; todos los sentidos se deterioran y no hay nada y existe todo.
De pronto el mar la llamó con la furia de una ola que le rozó las rodillas y le formó una sonrisa húmeda por esas lagrimas hechas de mar; miró a la oscura dirección profunda y helada y su corazón sintió un alivió profundo e incluso pensó escuchar el canto de las sirenas tan claramente, que se levantó firmemente con la frente hacia el cielo y los ojos cerrados imaginando rostros felices de verla de vuelta, sintió un abrazó fuerte que le dio un suspiro mas, tocó el rostro de su madre, volteó alrededor y estaba la multitud danzando de júbilo. Por eso se puso de pie y comenzó a caminar casi inconscientemente, guiada por la necesidad y la soledad que la empujaba hacia el mar, paso a paso era tomar confianza, sentirse mas y mas aliviada, y la arena no le impedía seguir su ruta, ni las palmas, y mucho menos el viento, por el contrario, la empujaba con firmeza hacia las profundidades; el tiempo no existía entonces, los pasos lentos pero precisos, mantuvo sus ojos cerrados, pero sus brazos se extendían hacia el frente como quien espera un abrazo y la sonrisa se conservaba en ese rostro que parecía dormir y soñar algo grato; de pronto sintió la brisa en la piel y apretó los dedos de los pies de la emoción, fue entonces cuando tomó conciencia y abrió los ojos, pero no veía nada; estaba oscuro por completo, solo iluminaba una luz lejana atrás de ella, pero eso estaba quedando atrás; muy lejos de ella.
Acarició sus piernas, pero seguía andando; no podía mirarse, pero sentía con tanta intensidad, como nunca. No se percibía nada más que la melodía del mar que la hipnotizaba, y sabía que su hogar estaba a pocos pasos y de pronto el nombre mas amado por su boca salió a su pensamiento como un trueno ensordecedor, y la detuvo, la paralizó y la angustia volvía sin ser invitada...
Y su voz interna le repetía:
Jamás sentí tanto y ahora entiendo a Jasón, comprendo todo lo que hizo por tenerme, pensaba que era un loco, estúpido y sin gracia; lo que hacía no tenía sentido; pelear por mi, incluso cuando le expliqué claramente mi negativa hacia él. Mató por mi y casi muere de amor, creo que lo que siento es igual de absurdo que lo que el siente por mi. Yo sé que él me espera hoy, que está cerca de la orilla y sé que me perdonará; aunque halla huido de él por seguir a esto que me esta amarrando a la arena y no me deja avanzar.
Ignoró su voz y sus pies se movieron de nuevo hacia el pozo mas profundo que gritaba por medio de las olas que se estrellaban en las rocas.
Caminó y caminó, quedó helada al sentir la vibración de la arena y una respiración agitada y muy cerca, justo detrás de su oreja, sintió de pronto un aliento, ese aliento la volvió loca y no dio un paso mas; el aliento venía de atrás, era un calor potente, la energía poderosa la paralizó y él tan cerca que ni siquiera cabría una hormiga entre los dos, sus cuerpos adheridos; Deborah sentía como su espalda se fundía con mas fuerza a ese pecho jamás acariciado por sus manos; y la respiración de ambos corría, volaba de prisa, y no pensaban nada, solo se mordían los labios de esa mezcla de miedo y deseo. Los brazos morían por encontrarse y apretarse y lo hicieron; sus brazos tomaron una forma perfecta; parecían uno sólo; Deborah recargó con pasión su cabeza en el pecho masculino ardiente como el metal al sol, el la abrazaba por la espalda aún y ella moría por voltear y tenerlo de frente; las palabras no cabían, no existían y no eran necesarias; sólo el sonido de la respiración agitada y unas cuantas vocales hechas por la excitación. Él la apretó mas hacia su cuerpo y ansiaba hablarle y decirle que la quería, que la quería en su casa, en su cama y en su vida por el resto de sus días; deseaba decirle que le volvía loco su misteriosa mirada y su transparente corazón; necesitaba gritar que odiaba estar sólo y que la única manera de matar la soledad sería con una mujer igual a ella; ninguna mas que ella; Santiago sentía necesidad de contarle su mas profundo secreto, sus pasiones ocultas, incluyendo esa desbordante emoción por seres impensables e increíbles como las sirenas; deseaba ser honesto con la mujer mas profunda e incomprensible que había conocido y nada le importaba mas que verla y tenerla; por que la vida logra efectos tan extremos, valorar la vida gracias a la muerte y valorar la muerte gracias a la vida. Ahora estaba más amarrado a vivir que nunca, por los ojos de esa mujer que lo acariciaban cada vez que con miradas se posaban en él; estaba atado a su voz que lo despertaba con una sonrisa nacida del verdadero placer; esta vida esta hecha de amarres: sin ellos caemos, podemos estar tan libres que nos derrumbamos en lo profundo, por eso nos amarramos al amor; amarramos, soltamos levemente; pero para todo se necesita inteligencia; no se debe apretar demasiado; el corazón le latía fuerte y su piel se teñía de un rojo que en la oscuridad se ocultaba vergonzoso.
Todo estaba negro; pero su energía investía tanto brillo que se podían ver; ella se volteó cuidando no alejarse de él ni un centímetro; y lo tenía de frente; el abrazo tomó nueva forma y los sentidos se ensancharon mas. Sus rostros se impregnaban de calor y los alientos se mezclaron ricamente, hasta formar un nuevo aliento, un nuevo olor; aroma apasionado que los excitaba tanto que se apretaban con fuerza; las manos de la morena agarraban libertad en esa espalda masculina, y esas manos de hombre estaban tan indecisas que no sabían si apretar, jalar la piel, sintiendo el deseo de amoldar la carne en formas insospechadas, estaban confundidas, pero seguían un ritmo que a ella le provocaba el mas grande de los goces que haya sentido en lo largo de su vida; no más pasos tristes, no mas lagrimas rojas de dolor; el aire los mecía, pero se mantenían de pie, unidos, amarrados.
Una caricia nunca antes recibida, y unas cuantas monerías jamás antes proporcionadas; los llevaron cada vez mas abajo hasta el límite que mas deseaban en ese instante, la arena los acogía, los espolvoreaba y les mostraba cuán suave y cuan dura puede ser; que tan fría y caliente se convierte; tirados pero cosidos el uno al otro, logrando pasmosamente entretejer las piernas, sentir y seguir sintiendo; mas y mas; pecho con pecho y espontáneamente dos labios chocaron con gran humedad que parecía un beso en lo profundo del mar, pero mucho mas intenso, incluso mucho mas profundo y cálido; las lenguas extraían sabores y marcaban territorio dentro de esa cavidad tan deseada y apasionante. Un ardor extremo forzó a los cuerpos al despojo desenfrenado de las ropas; y unos pechos se mostraban vivos y firmes, la desnudez la volvió loca; el cuerpo masculino se endurecía con fuerza y al no poder verla, por la terrible oscuridad, la tocaba con un deseo que crecía implacable. Boca con boca, después boca con cada pedazo de piel, recorrido extenso pero parecía tan apresurado que no había descanso alguno, ni ninguna clase de desprendimiento por mas minúsculo que fuera; no se desprendían los pechos, ni las piernas, ni los labios de la piel, y ningún recuerdo existía, no había pendiente alguno solo el momento que nacía y crecía dentro y fuera de ellos.
Parecían luchar por seguir unidos, luchando por besarse mas acaloradamente, por tocarse con mas fervor y morderse mas fuerte, carne con carne, lograron formar el aroma de la pasión y sumergirse en la nada al momento de permitirse ser uno solo, un solo ser, fusionados por los órganos mas sensibles. Ya no era el viento quien los mecía, los balanceaba un amor que no se comprende y no se explica; por que el amor verdadero no se explica, solo se intenta expresar; el cielo comenzó a mostrar sus agrupamientos de estrellas y brillaban cada vez mas, lo cual les permitió mirarse por fin, se vieron enlazados y el placer se elevó y ella arrebataba libertad subiéndose en el y nunca pensó que eso que sentía fuera un pedazo de su amor, jadeó y el gritaba sin control, fue entonces donde ella recordó el dolor que sentía tiempo antes de tenerlo y un susto quería inundarla pedazo por pedazo, primero su rostro se tensó de angustia, luego su pecho y en aquel momento él no sentía tal espanto y la apretó con fuerza hacia él, entonces todo quedó olvidado y ella comenzó a llorar de éxtasis, subió al cielo, se percibió encima de él, prolongándose, aumentando su fuerza y su empuje, lo volvió loco cuando le toco la cara y detonaron sin control hasta el final... solo quedaba el rastro de una lagrima de pasión y ella mojó su interior del rocío de su hombre, y ella lo baño de sudor y una mezcla inconfundible de humedad que Santiago logró recibir de su hembra que yacía en su pecho, ida y aún ceñida a él.
Dos minutos mas tarde…
…Un canto se escuchó suave, resonancia que mece y acaricia la piel, provoca erizarla, vuelca el viento hacia los rostros en forma de sábana de seda, el sonido provenía del mar y Deborah alzó su rostro y miró hacia el infinito con una sonrisa, el infinito oscuro la esperaba con un sonido de amor, él sin soltarla enderezó su cuerpo para seguir al sonido que cada vez se tornaba mas claro y nítido, daba una intención mas fina de llegar a esos oídos que reposaban sobre la arena dorada, ella se levantó hipnotizada pero sin soltarle la mano a su hombre, parecía dejarse llevar por... esa voz que permitía escuchar ahora fonemas, vocales largas que se introducían a los sentidos desnudos de ambos. Él sentado tomando ese pedazo frágil del cuerpo de Deborah, una mano delicada pero fuerte; comenzaba a quedar dormido por la armonía hipnótica proveniente de algún lado que no sabía ni trataba de indagar, su cuerpo quedó como un trapo dormido en el suelo; las manos se soltaron y ella seguía parada, comenzó a dirigirse hacia esa voz que seguramente acompañada de un piano haría del arte la mas magnífica vibración de energía; fluía por su sangre y por la sangre sugestionada de Santiago; era una especie de trance que enmudecía. Avanzó tanto que una caricia de agua se permitió llegar hasta sus pies. El miedo la hizo retroceder un paso, luego dos; pasos inciertos, mientras su mente trataba de informarle que antes que concluya el día podría volver, al terminar, ella no podría sumergirse al mar y sobrevivir mas que el tiempo humanamente posible; la presión de la profundidad la afectaría sin duda, la hipotermia se manifiesta con síntomas claros, uno siente frío y tiembla, inevitablemente la viviría de forma desastrosa, debido a que la conductividad térmica del agua es 26 veces superior a la del aire, incluso la temperatura del agua en los mares tropicales como el de la isla de la luna puede enfriar el cuerpo humano de una forma sorprendentemente rápida; ya no sería una mas de los euritérmicos, ya no toleraría las variaciones amplias de temperatura, moriría, moriría irónicamente, una hipotermia silenciosa desgarraría sin consideraciones el alma de una sirena eterna.
Justo enfrente estaba una sirena... ojos de diamante azul brillaban enfrente de Deborah, alumbraban en forma sorprendente, en la arena tostada, que se baña en agua sazonada, presumiendo su naturaleza, vivir en el balanceo continuo, ser cubierta por una sábana de agua para algún día volver a recibir los rayos del sol; sobre ella un cabello largo de color blanco, percibido como plata en lo oscuro de la apresurada noche, una aleta tan firme y a la vez elástica color caramelo se movía libre y graciosamente sobre la arena humedecida, estaban tan cerca la una de la otra que tan solo extender un brazo y podrían tocarse, se miraban sin decir nada, todo se entendía, no era necesaria una sola palabra, la sangre las unió como imanes, fundidas en una abrazo; la sirena acarició las piernas de su hermana, estaba asombrada de tanta realidad inaudita; sonrisas nerviosas despertaron a Santiago, poco a poco fue recuperando conciencia de todo, donde estaba, con quien y... que hacía; pero al buscar las imágenes que guardaba como un recuerdo vago, no encontró eso... miró hacia esa luz desprendida por la magia de unos ojos azules extraordinarios y las tenía a unos pasos, la boca se abrió sin pedir permiso, estaba asustado, volteaba hacia atrás y había penumbras, volvía su vista hacia la luz y quedaba enceguecido por unos instantes, con el silencio prudente se acercó un poco a gatas y se detuvo para poder lograr descubrir lo increíble. Abrazadas, parecía un cuadro exótico de belleza, mitología y sensualidad, dos hembras fundidas en un extraño amor, pero... las preguntas salieron desordenadas, ¿qué es esto?, ¿qué hacen juntas?, una sirena con... ¿cómo es posible?, un clásico “¿por qué?”, ¿es esto real?, mas preguntas nacían y morían sin respuesta, y de pronto abrió sus sentido auditivo y escuchó por fin voces fervientes...
–¿vas a venir? –Susema la apretaba contra su pecho.
–no lo sé hermana, tengo tanto por pensar, que al recordar el tiempo que me queda, no puedo y no se que decidir.
–pero no hay nada que decidir, sólo tienes que tocar el agua, ¡es mas! ¡Que el agua te toque a ti!, mira te voy a decir exactamente lo que necesitas hacer para volver, por eso vine, no quiero que olvides nada; recuerdas la oración; solo es acerca de tu fe y tu decisión; caminas hacia el mar te sumerges completamente y...
–y mis piernas se transformaran rápidamente en la forma natural de mi raza y nacerán escamas en mi cola, seré... eterna.
–¿lo recuerdas todo?, perfecto; ¡ahora ven ya! – la jaló animándola, sólo dos pasos mas y podría comenzar el sumergimiento; dos minutos mas, solo dos minutos y amanecería siendo mortal; al lado de un hombre con ojos tiernos, intensos de color miel, cargado de besos ardientes, abrazo consolador, con la capacidad de estremecerla ciegamente, días secos, días insospechados, algunos inciertos, noches seguras sobre una cama blanda y olores... pescado, flores, coco, humo, canela, aceite caliente, sudor; sudor resbalando por la espalda amplia de Santiago, olores mezclados la invadieron de anhelo; un minuto, un minuto de silencio y Santiago solo veía impactado tratando de comprender y visualizar la fantasía; el deseaba a las sirenas, con toda su energía libidinal, al abrir sus ojos las reconoció fuera de su alcance, abrió los ojos y localizó un alma extranjera implacable y excéntrica que ingresó extrañamente a su casa, apropiándose del pequeño espacio y de cada objeto llenando ese jacal de energía, pudiéndolo transformar en hogar, el sexo dormía hasta que despertó a su lado, el corazón parecía estar viviendo en vano, hasta que aceptó que un hombre no vive sin una mujer... Un hombre no vive sin una mujer y ahora descubría que Deborah no era tan solo una mujer. Por eso los silencios y el misterio que la hacía aún mas atractiva.
Segundos pasaron y el cuadro pintaba lo mismo Susema la jalaba ahora mas fuertemente y ella se mantenía en el mismo pedazo de arena resistiéndose, segundos... Y el mar, el viento... formaron una avalancha enorme de agua una capa descomunal, crecía y se acercaba una ola que amenazaba con destruir, envolver; Santiago comenzó a ver la masa acuosa viviente, parecía que tenía intenciones propias Susema estaba de espaldas al mar, Deborah de frente y también la pudo advertir; segundos intensos; Santiago se paró y comenzó a caminar torpemente hacia atrás; no quería destruir ese cuadro mágico, pero ansiaba salvar su vida y la de su... fue entonces donde se sintió solo y no supo que hacer, pero gritó;
¡Deborah! –reaccionó y temió por él, por los dos; si el agua la bañaba por completo y esa ola la jalaba a lo profundo... moriría en la eterna vida ausente de oxígeno, ... Santiago.
–¡Deborah! –La voz masculina se logró escuchar desgarradoramente, Susema también gritó su nombre. –¡Deborah, ven, vamonos! –dijo mientras se alejaba un poco mas rápido, se detuvo y le abrió los brazos con ademán de resguardo. –¡corre! –gritó Santiago
–¡ven conmigo ahora! –le repitió su hermana, con ojos furiosos, la jalaba fuertemente hacia la ola que inevitablemente caería en unos segundos.
Deborah cargaba el rostro de una mujer aturdida, sufriendo de amor. La ola llegó y abatió una gran porción de arena y arrastró lo que había a su paso.
El último segundo es tan intenso como el primero.
El tiempo lo posee todo, libera y aprisiona; da vida y asesina, lo hace perpetuamente, podemos decir que es su travesura favorita, ver nacer y advertir silenciosamente a la muerte.
Capítulo 8
En la isla de la luna llena la arena contiene alta cantidad de óxido de hierro, los túmulos están virtualmente desprovistos de vegetación en la mayor parte del territorio, las escasas palmas desfilaban hermosas, parecían solitarias y esa noche sintieron la furia de la naturaleza y perdían una a una las hojas que las visten de diferentes tonos de verde.
Tal como Sirio B, que fue posiblemente la primera estrella creada por Dios, tan blanca como pequeña, tanto que podría ser la cosa mas diminuta que existe, pero así mismo es tan pesada, que seguramente guarda una energía tan intensa de almas de todo ser que cabe en el universo. Al igual que Sirio B brillaron los ojos de santiago al ver el esplendor de la mañana, donde el poderoso sol extendía su característica implacable… avivó a la arena, le dio color e iluminó el día de una forma intensa casi urgente.
Santiago no reconocía el espacio en el que estaba y la falta de oxigenación le impedía recordar nítidamente lo acontecido una noche antes, solo tenía la certeza que había perdido algo, que estaba tan vacío que probablemente lo había perdido todo.
“Las sirenas nunca mueren… escuchó resonantemente una y otra vez… las sirenas nunca mueren…
Con apasionada frialdad caminó sin rumbo fijo, pasos aletargados, sonámbulos, tan débiles que asustaban a cualquiera, al contemplar esa mirada perdida, cada paso triste, carente de calor y armonía… desprovisto de todo se podría asegurar que estaba perdidamente derruido y a punto de colapsar, su cuerpo moribundo parecía luchar por seguir la marcha hacia la nada.
Pensaba por dentro en medio de un desorden mental que el cambio de piel no significa nada, la transformación de la ilusión sí, la fantasía maravillosa está sepultándose en el instante mítico en el que todo se destruye para comenzar de nuevo, es una terrorífica aventura del espíritu, que abarca todo, cada fragmento de anhelo desahuciado.
Llegó de nuevo la noche y Sirio B sonreía mientras Santiago comprimido en un estado taciturno estaba sentado con la cara agachada, recargado en la puerta de su jacal, sin saber que estaba en su hogar, sin recordar lo que era un hogar e ignorando por lo tanto que tenía uno. Inconsciente de la hora y de los hechos, se sentía navegando por un recorrido circular e interminable que lo mareaba y le producía nauseas severas.
Los sueños no son tan nítidos como las imágenes que poco a poco recuperaba su cerebro agotado y confundido; en su cerebro corrían escenas como una noche de placer intenso aparecía como relámpago que alumbra por milésimas de segundos una oscuridad latente; una melodía que lo volvía a marear de solo recordarla… un canto sereno que denotaba reclamo, avenencia, un pacto que había que formar en esa misma noche mágica, poco congruente. Una sirena con cabellos blancos tan largos y ondulados que parecían moverse solos. ¡Una sirena!, ¡Deborah abrazada a la sirena!, lograba unir la información, ordenándola lo mas lógica y convincentemente. Una ola salvaje que crecía con la furia del mar hambriento y molesto. De ahí en adelante todo eran sombras, frío y vacío interior.
El amanecer se llevó la noche a otra dimensión, una oculta que parecía difuminarse con un escenario mas real y creíble, la arena tostada seguía en su lugar, Santiago veía el vaivén de las olas tranquilas y juguetonas, gente caminando con un ritmo sereno, despreocupado, y un sol que alegraba la mañana de cada ser que amanecía con un objetivo claro… vivir un día mas.
Y no se sabe como pero los dias se desvanecen y se convierten en fragmentos casi imperceptibles de historias… un año después…
Parecía ser el único abrumado y golpeado por la vida, pero al abrir un poco mas los ojos, girando su cabeza ligeramente hacia la izquierda vio a un perro herido, la patita trasera derecha lastimada lo hacía arrastrarse y en su mirada se veía el desconsuelo y la melancolía por los días pasados un tanto mas felices. Al ver al animal que lentamente seguía su marcha de forma decidida y triste se vio a sí mismo, con el mismo latir, con las mismas ganas por obtener la paz de nuevo o una paz nueva, renovar su vida y ser humano y nada mas, olvidar que existen las sirenas y borrar la memoria de una dama que se introducía intensamente en lo que ahora estaba hueco… anhelaba ser un poco normal… el perro con su pelaje dorado y su lengua de fuera se detuvo al encontrar comida, sació su hambre y siguió adelante, su sed lo llamaba y su instinto lo llevó hasta un charco de agua que bebió lentamente, sabiendo que aún le quedaba un camino largo por recorrer, ahora buscaría el amor, alguien que con un abrazo lo llevara al sitio mas deseado: al corazón. Quería entrar a un corazón que proporcionara caricias y cuidados; en realidad buscaba solo compañía… y Santiago podía leer esa necesidad, caminó como pudo hacia el perro, suavemente le habló y se agachó para mostrarle reverencia e interés, el perro con cautela lo observó y desconfiado decidió acercarse un poco mas hasta que descubrió que al parecer santiago era inofensivo. Olfateó su mano y la lamió en forma de saludo. Santiago llenó un poco su espació con su nuevo compañero y el perro encontró lo que buscaba, un amigo.
La pata del perro sanó y Santiago formó una sonrisa por fin, 7 meses pasaron mientras él y su nuevo compañero vivían la vida de manera sencilla y un poco vana para decir verdad, comer, trabajar, dormir; pero ese día Santiago resplandeció un poco al ver la nueva actitud canina, el perro corría y buscaba jugar con Santiago y lo provocaba jalando con su hocico baboso el borde del pantalón. Una chispa de alegría le provocó el pensar que había sanado la patita de su amigo, pero de pronto recordó la importancia de un nombre, la comunicación se facilitaría si el perro tuviera un nombre, ¡que desconsiderado había sido por tanto tiempo llamándolo solo por: “eit, tu, perro,”! ¡que mal sonaba eso!. Así que decidió llamarle Oro, pero el perro no respondía a ese mote, babeaba y saltaba pero sin tener conciencia de que se referían a él, ya no sería “perro”, Oro, sería Oro por su pelaje y el valor que había ido obteniendo a lo largo del tiempo para Santigago. ¡Pero que perro tan necio!, se decía santiago, no obedece; lo que aún no descubría es que a Perro, no le gustaba el nombrecito corto poco contagioso.
Un día de esos que hace mucho calor, salió Santiago a abastecerse alimentos con “Oro”, estaban hambrientos y antojados de un coctel de mariscos muy fresco acompañado de una bebida de coco. Llegaron al puesto de alimentos y Perro estaba inquieto por tanto olor, siguió su instinto hasta que dio con lo que mas se le apetecía…
Estaba observando su objetivo con impaciencia, pero tratando de recordar los buenos modales, sin embargo se le notaba deseoso por devorar lo que encontró.
Era una chica radiante, miró al perro y por supuesto se dio cuenta que su comida estaba provocando una tentación terrible y sonrió sintiendo empatía por el animal por lo cual Perro sintió que podía acercarse mas al olor intenso que lo llamaba a gritos, la chica sonreía mas entonces le hizo seña de querer compartir con él un poco de su deleitoso manjar, el animal movía la cola y con la cabeza agachada se aproximaba poco a poco, por momentos parecía que se arrancaba a correr y devorar lo que ansiaba, pero logro contenerse hasta quedar a un paso de la chica que le ofrecía parte de su alimento; Santiago notó la ausencia de Oro y comenzó a buscarlo algo asustado y ansioso, corrió hasta el puesto de enfrente y no lo vió y lo buscó entre la gente y otros perros y por fin encontró a su perro comiendo de la mano de una ... alto ahí! Se dijo para si mismo. ¡Una hermosa mujer!, olvido a Oro y el hambre que tenía , se perdió en las piernas maravillosas que modelaba aquella morena, vio el rostro terso y delicado y esa mirada que lo invadió de una extraña nostalgia que no sabía controlar en ese preciso momento, un ladrido lo despertó del encanto y por fin se dio cuenta de que la chica lo miraba sonriente y de forma claramente provocadora. La seducción nació espontáneamente y Perro caminaba feliz por que ya tenía dos corazones.
Cómo fue que se acercó a ella y le dijo ¡hola!, nunca lo supo, parecía absorto en esa piel, en esos labios, muslos y una linda sonrisa; ella parecía solitaria pero muy feliz, tuvieron una conversación tan corta que sin duda alguna eran dos desconocidos haciéndose el amor con miradas implacables y sonrisas tímidas que se introducían poco a poco en el refugio del placer.
¡Yadira!, repetía su lengua, ¡Yadira!, no podía dormir y Perro tampoco.
Hicieron el amor con las miradas y solo se preguntaron, ¿tu vives por aquí?, ¿Cómo te llamas?,
–Yadira
–Santiago
–Sí vivo cerca
–Yo tambien
…
Al día siguiente Santiago formó a su espejo una sonrisa radiante y diferente y Perro, como terminó llamando a su amigo ya que al gritar Oro no volteaba ni de broma, Perro estaba tan entusiasmado por ir de nuevo al mismo sitio del día anterior, había comida deliciosa y una nueva amiga con quien intercambiar miradas y juegos.
Santiago parecía un adolescente buscándola y perdido entre el tumulto, se percató que era jueves día en que los puestos hacían promociones para el abastecimiento de verduras y productos de cocina, por lo cual era complicadísimo encontrarla de manera rápida y fresca como lo había planeado durante la noche entera donde las estrellas también parecían pensar lo mismo… estaban brillando para Yadira la cual recostada en la hamaca amarilla con rosa, fuera de su casa pensaba en una sola cosa que la invadía de manera sorprendente, estaba extasiada de manera mágica, con tan solo repetir como susurro …Santiago
Con solo pensar en su rostro, Yadira sentía como se removía su estómago y entraba en estado de amodorramiento delicioso y suave… éxtasis profundo y puro cuya única razón de ser eran sus labios, esa fragancia y unos ojos que coleccionaban el misterio mas plácido nunca antes visto.
Por fin la encontró, en la misma posición, por lo cual a Santiago le pareció mas erótico, ella lo esperaba en el mismo sitió con el mismo alimento y a la misma hora sin haber verbalizado una cita, la comisura de sus labios formaba una bella figura, una sonrisa joven, muy joven… ¡Alto! Pensó santiago para sus adentros, es muy joven, ¿que tan joven?, tenía una nueva pregunta y un buen pretexto para hacer conversación.
Llegó hacia ella y la miró fija y decididamente le sonrío de manera provocadora humedeciendo sus labios carnosos y se acercó a ella tanto que cuando menos lo esperaba ella ya lo tenía justo enfrente y él tomando el valor suficiente le preguntó:
– ¿puedo sentarme contigo? –estaba seguro que era un sí la respuesta, pero el cortejo sería brusco si omitía la pregunta envestida de propiedad falsa.
–Sí, claro que sí. –lo miró deleitada en cada parte de él que había olvidado mientras se concentraba en unos labios bellos y una mirada profunda.
–gracias!, Yadira, me da mucho gusto encontrarte de nuevo y ya que estamos aquí, coincidiendo nuevamente te propongo que juguemos un poco. ¿Te parece?–Yadira lo veía asombrada y emocionada y por supuesto que contestó que sí, riendo de nervios de forma simpática.
–perfecto… yo pregunto y tu contestas… pero es rápido correcto?
–correcto! –contestó segura y divertida.
–¿Cuántos años tienes? –ella lo miró y contesto rápida y seguramente
–22 –él se quedó boquiabierto y por un momento olvidó las reglas del juego… rápido, juega rápido escuchó una voz interna.
–de acuerdo… ahora –tartamudeaba mientras buscaba la pregunta siguiente– ¿duermes sola? –¡que pregunta mas tosca y estúpidamente inadecuada! Se dijo así mismo justo al terminar de pronunciar la letra a.!
–sola –contestó rápida y risueña
–¿te gusto? –esa si era buena, se felicitaba por astuto. –el silencio nacía y contaba 1,2,3,4,5,6,7,…segundos y…
–¡Mucho! –contestó por fín y ahí creció el calor entre los dos, no había mas preguntas… todo estaba dicho…
Perro movía la cola de forma ingenua ignorando el calor que crecía sin frontera alguna…
Hicieron el amor durante ocho meses, sólidos y cálidos, provistos de tanto que nunca antes habían tenido… justo el día primero de octubre llovía terriblemente, era una noche como aquella la cual Santiago creía haber refundido en el mas profundo vacío de sí mismo. Ese día había empezado helado y con los vientos mas potentes de todo el año… Santiago parecía escuchar un eco que escarnecía en su jacal… Deborah, Yadira… Deborah, Yadira…
La culpa lo envistió y se tumbó a la cama con un dolor de cabeza terrible, Yadira le sobaba tiernamente la frente hasta que vio como caía en un sueño profundo…
Yadira realizaba la limpieza de la pequeña cocina y cantaba prodigiosamente una canción de alegría hasta que escuchó que Santiago efectuaba ruidos de incomodidad, con pesadillas pataleaba luchando en lo ahora precario de su sueño, se acercó a él para despertarle pero justo un segundo antes de que lo tocara el pronunció claramente… ¡ Deborah!
Yadira se congeló a si misma y no pudo ni morder sus labios, la boca se mantenía silenciosamente abierta y sentía como un nudo en la garganta la oprimía… ¿Quién era Deborah?, no importaba, solo bastaba con saber que ella no era Deborah y que Santiago descubrió su misterio por primera vez.
The answer is blowing in the wind la melodía sonaba en el radio justo cuando Yadira hilaba el nombre de Deborah con su vida…
Santiago despertó y buscó con la mirada a Yadira, sudaba por la lucha que tuvo con su pesadilla de la cual no recordaba nada solo que llovía y hacía frío, parecía que despertaba y se repetía la historia que lograba hilar de su sueño. Yadira no estaba… Se alarmó y comenzó indagar en su mente una explicación lógica… era de noche y llovía… y Yadira no estaba… no había razón, ni lógica.
Encontró en esa mesa llena de recuerdos antiguos una nota blanca… y la canción finalizó con el mensaje… the answer is blowing in the wind, parecía que la historia se repetía de forma bizarra, tomo el trozo de papel y solo había una palabra: DEBORAH
Santiago no entendía nada, solo sentía angustia intensamente y mareado calló al suelo dándole vueltas su mundo aparatoso… ¡Deborah!, ¡Sirenas!, ¡Yadira!
Nada estaba claro, parecía una verdadera locura…
En otro lado del mundo… un mundo no tan lejano como parece…
Sus lagrimas aumentaban el tamaño del mar, sus manos tocaban su cara buscando encontrar huellas de Santiago, no dormía, no comía y por supuesto no moría… las sirenas nunca mueren…pero si caen enfermas en la mas terrible de las dolencias… extrañar eternamente.
La sirena solitaria cantaba todas las noches viendo a la luna la misma canción…
Vi la luz de tu mirar... vi el sol, le pude hablar
Comenzé por caminar .. Cuando vi tu sombra allá
Eres paz que descubrí y que un día se escondió
Laminado el cielo está de mis lágrimas de amor
Comprendí que era verdad que el amor estaba allá
Conseguí tu piel tocar y mi sangre derramar
En mi cuerpo todo está, esa piel que me cubrió
Es pasado y pienso ya que se secará tu amar…
Vi la luz de tu mirar… vi el sol
Y ya no estas, quiero muerte, quiero paz
Pues mi lágrima es cristal
Que me cortá y me hace mal,
Quiero amarte y verte ya.
Canta cada noche… con la voz aterciopelada y bellísima como el sonido de un arpa que acaricia suavemente las fibras mas delicadas del cuerpo; mientras ella se sumía en lo mas deprimido de la tenebrosidad, cantando así provocaba el llanto a sus hermanas y al mismo mar que la mece intentando calmar su alma dolida y perdida.
Santiago latía esa misma noche… lloraba y no sabía por que.
Yadira corría hacia otro lado del mundo en donde pudiera concentrarse y meditar… había vivido un apasionado romance que parecía sólido, con una estructura admirable; pensaba en los días entregados a ese hombre que apenas un par de horas ella creía amar, ahora sentía un odio profundo y un dolor natural, se sentía ofendida. Llegó al malecón, se sentó mirando hacia el furioso mar, llovía tanto que quien la viese pensarían que estaba completamente loca al sentarse ahí, las olas se estrellaban contra las grandes rocas y la marea subía visiblemente rápido. Ella sabía el peligro de estar ahí, sin pensar mucho en el riesgo físico al que se exponía se dejó llevar por ese amotinamiento de sensaciones y enlaces de ideas que nacían esa noche gris… esa noche triste.
Deborah, se repetía ese nombre con la misma voz que ella adoraba escuchar… Santiago, ahora solitario en su jacal lloraba por el duelo añejo y el duelo que ahora comenzaría a experimentar.
Perro miraba confuso, sin embargo estaba recostado plácidamente sobre un tapete caliente de color café. Santiago se puso de pie e inició una nueva búsqueda.
Esa noche nadie caminaba por la isla, todos yacían resguardados del frío y el ventarrón que lograba llevar la lluvia de un lado a otro de manera inimaginable. Santiago se puso su chaqueta mas gruesa y un gorro para cubrir parte de su cara, tomó una linterna y trotaba tratando de apresurarse y encontrar a la bella Yadira que según él pensaba estaría no muy lejos ya que era algo temerosa y evitaba los lugares sombríos.
Todo era sombrío y Yadira nada temía, sentada en posición fetal con una delgada blusa y unos pantaloncillos cortos, con pies descalzos y el pelo pegado a su cara. Nada temía por que no había nada más que perder ese día, ella sentía que se había muerto el sentido de todo lo fabricado por su ilusión. ¡Estúpida ilusión! se decía.
La encontró ahí, en lo terriblemente peligroso de esa noche, la madera mojada estaba resbalosa por el moho lo cual hacía mas difícil llegar a ella y llevarla a casa. Ella noto su presencia, pero para entonces ya había pensado suficiente y había cerrado un par de conjeturas. Estaba más tranquila y por lo mismo no cambio de posición, optó por ignorarlo por completo. Santiago se acerco a ella, le temblaba el rostro, le dolían las rodillas por el clima heládo y sentía pavor al verla tan frágil y triste; se hincó para pedirle que lo acompañara a otro sitio mas seguro y platicar.
Ella contestó mirándolo de una forma nueva y segura…
–posiblemente quieras contarme de Deborah y así mismo posiblemente yo no esté interesada en saber de ella.
Se levantó rechazando la ayuda de Santiago, por lo cual él experimentó el rechazo que se merecía y agachó la cabeza e intentó seguirla sin abrumarla mas de lo que estaba.
Ella se dirigía al jacal y él trataba de emparejar el paso y alcanzarla.
Las lágrimas del cielo no cesaban y Santiago confundido se sentía completamente estúpido y perdido.
Yadira entró empapada y congestionada al jacal y comenzó a secarse mientras tomaba sus cosas y las tiraba al suelo en una orilla, Santiago se sumía al silencio y tomó una prenda de la chica entre sus manos y la olió nostálgicamente sabiendo que era el último día con ella. Y lo que sabía así mismo es que no la detendría.
No sabía como decirle que Deborah estaba tan lejos que no había cosa alguna que la trajer consigo y se cumpliese el anhelo. Deborah era magia ahora, una magia perdida entre sus memorias y refundida en su pasado. Deborah no era una mujer. Como decirle a Yadira que Deborah lo había abandonado por la eternidad, por el mar, por su hogar… tal vez lo había dejado por idiota, por lo mismo que Yadira ahora se marchaba de forma decidida y sin interrogatorios ni reprensiones.
De que manera le explicaría la historia, ¡Deborah una sirena!, un reverendo loco diría una excusa así… Yadira nunca sabría la verdad… Santiago estaba triste, pensaba en su vida como un cuento de Hadas donde al final el príncipe resulta ser una rana . ¡Que perdido se sentía!.
Ya estaba hecha la maleta y Yadira estaba acostada tristemente esperando la llegada de la mañana para serenamente y sin reparo ni palabras iniciar un nuevo traslado… parecía dura al no querer discutir, pero sentía que había sido maravilloso hasta ese día y así debía de ser. ¿Quién es Deborah?, no me importa; se repetía, solo sé que no soy yo.
Te odio le gritaba por dentro a ese hombre cabizbajo y ojeroso.
Te amo
Te odio.
Santiago bebía un sorbo de chocolate caliente mientras se transportaba a ciertas partes de sus memorias…
Esa noche Santiago estaba tan triste como excitado, quería hacer el amor. ¿Con quién? Se preguntaba… En su pequeño cerebro rondaban dos nombres… veía dos mujeres desnudas una apasionada y enamorada, otra tierna y pequeña. Veía la cola de una sirena y sus senos cálidos y al abrir los ojos estaba Yadira.
Tomó su miedo, lo hizo al un lado y se paró al borde de la cama donde Yadira simulaba dormir indignada, Santiago estaba excitado y parecía que para el nada hubiera pasado, tocó apasionadamente la espalda de la chica y ella simuló seguir dormida, sintió el calor enérgico de la pasión que no tenía ya control alguno… la tocó y la volteó, ella simulaba seguir dormida, sentía deseo por él… incontenible deseo que le hizó abrir los ojos sin disimular que estaba fingiendo dormir y lo jaló hacia ella… se desvistieron tal como un niño quita la envoltura de su regalo mas esperado aún sabiendo de antemano que hay adentro…. Se besaron calladamente y decididamente sin dudarlo, el sexo nacía una y otra vez.
La noche dormía ahora y la mañana iluminaba fulgorosa y fue maratónica la actividad de aquella noche… morder, sudar, llorar, reír, callar… besar… lamer el elixir pegajoso de la miel en un otoño mas frío de lo esperado…
Te amo… dijo Santiago….
No mientas contestó Yadira….
El silencio gritaba ¡mátenme!....
Pero ellos lo dejaron crecer…
Capitulo 9
Santiago estaba solo una vez mas… hasta perro decidió irse, fue con Yadira a encontrar la vida, esa que la chica había pensado que ya tenía…
…ojos violeta cuando mira el sol y azules cuando mira la luna
Recordó de manera inexplicable esa frase, que un día el Loco de Inés pronunció… Si encuentran una Sirena… parecía que la soledad llegaba apresurada y lo empujaba con una presión potente a pasiones oscuras, Las Sirenas.
Deborah, qué hará en estos momentos, qué sentirá… qué pensará…
Yadira era una joven con capacidad intelectual muy desarrollada, su inteligencia emocional era maravillosa, ahora vaciaba su llanto sanándose a sí misma la yaga natural del desengaño en el recinto donde antes vivía, una linda casita de color oro, con tonos ocres. Veía hacia el mar con nostalgia. A lo lejos reflejaba como si hablase sola, pero en realidad hacía una oración.
Disfrutaba el viento de la mañana y veía como la gama de colores se armonizaba juguetonamente sobre el lienzo que encontró en el cielo ese día.
Yadira, al mirar el sol tenía un tono violeta inusual que fulguraba en su mirada.
Capítulo 10
Era una población maravillosa, donde las estructuras de las viviendas tenían forma de cuevas, construidas con corales y conchas de colores divertidos; hogares hechos sobre acantilados y arrecifes.
El tritón más poderoso era llamado Lantarón, Verdinegra era su piel como las algas y muy brillante, y unas manos fornidas y nudosas. Su cabellera era espesa y negra como el abismo mas profundo del océano.
Lantarón suele acercarse a tierra cuando la marea está baja y se queda inmóvil en un saliente de las rocas contemplando el vaivén de las olas. Sólo se alimenta de pulpos, a los que agita del fondo con sus recias manos y los devora lentamente mientras sus ojos contemplan la holgura de su reino, vive pesadillas que lo arrancan del sueño que va elaborándose profundo y tibio… no duerme mas de dos horas…vigila a su especie y ama a sus hijas… enseña a sus hijos el valor y la fortaleza; de ésta última recalca que radica en la mente y en el control total de sí mismos… el objetivo es la protección y la procreación… la seguridad que radica en sentirse en paz… como las suaves olas que se fabrican una a otra.
Ahí estaba Deborah… su silueta escondiéndose en un rústico Barco añejo completamente aterrizado en el mundo marítimo. Se miraba en un espejo de nácar y no encontraba sonrisa alguna… intentaba hallar su rostro en algún lado de sus pensamientos y ahí estaba, siempre estaba… Santiago reía, dormía y la amaba en su utopía que se renovaba minuto a minuto… y como música de fondo se le antojaba el sonido de las cuerdas de una gutarra española mezclada con un relajante jazz latino. Ya que no había fiestas en el mar… parecía que la tristeza albergaba sin condescendencia, llegó la apatía a su cuerpo con todo y maletas y estaba sola, todas las hermanas llegaban preguntonas y la miraban como si en ella estuviera una verdad oculta, como si fuese un libro de magia que con solo abrir unas cuantas páginas las empaparía de chispazos de misticismo, con fragmentos a la vez de una realidad hermana y no muy lejana, el mundo terrenal.
…Pinturas y escritos recogen que cuando Cristóbal Colón llegó a América, tres sirenas le dieron la bienvenida. El descubridor contempló que eran mudas y no muy agraciadas,… Tal vez Cristóbal colón no alcanzó a distinguir la realidad que desprendían esos seres, tal vez no concebía la cola larga que ni se asemeja a la del delfín y en realidad ni a la del pez. Probablemente estaba ebrio y vio borroso por lo cual perdió el detalle de unos cuerpos diseñados perfectamente para vivir por más de 3 meses bajo el agua sin necesitar oxigeno, y así mismo poder vivir sin sumergirse por largos días… nadie sabe cuantos aún… nadie sabe cuantos.
Cistobal Colón estaba tan asombrado que su lóbulo temporal no trabajó ese día que relatan vio a las tres sirenitas, no escuchó su canto… no escuchó del susto.
Y ahí estaba ella…
La sirena contaba una historia distinta cada noche a sus hermanas pequeñas, les gustaban los cuentos donde había humanos, o criaturas terrestres; pero sinceramente Deborah no quería hablar de asuntos que le inyectaran a su corazón dosis de veneno, dosis de dolor…
Una historia mas…
Era un roble normal y ordinario, que tenía un enorme hueco en el tronco. Una tarde de tormenta se cobijó en el hueco de su tronco una bellísima muchacha, con cansancio y un dolor de espalda por el largo recorrido, empapada y yerta se apretó contra las paredes del hueco y el árbol, ante la calidez de aquél cuerpo y el aliento de aquella boca encendida, sintió como la savia le corría más rápido por el tronco hasta que acabó estrechando a la mocita en un abrazo mortal.
El árbol absorbió la sustancia de la dama y los humores de aquel joven cuerpo y aquella nueva savia hizo crecer desmesuradamente al roble, cuyas raíces se extendieron por los alrededores robando a los árboles y arbustos cercanos, no sólo su agua y alimento sino también su savia.
Después de esto el Roblón se empezó a mover, convirtiéndose en el azote de la Montaña. Sus pisadas hacían temblar los bosques, su respiración agitaba las ramas de los árboles y su sombra parecía la de una nube. Destrozaba todo lo que había a su paso, fueran cabañas, setos, paredes y, sobre todo, fuentes, a las que acudía a meter sus raíces para absorber por los pies toda el agua que podía.
El roblón estaba triste esperando un día volver a ver a esa dama hermosa, él, ignorante del suceso de haber adquirido a la mujer entre su cuerpo ahora móvil y enorme, seguía soñando con volverla a ver… un día un pájaro pequeño valeroso se acercó a él con lástima profunda y le reveló él secreto, le habló sincero y de cerca, le confesó que él con sus alas jóvenes y su vista imprudente había capturado la escena donde abrazaba a la dama sin dejarla nunca ir... el roblón no entendía ni una palabra de lo escuchado aquella tarde, pero el pajarillo colorado no tenía por que mentir, sacudió sus ramas, fuertemente para encontrar a la doncella y así fue cuando percibió el aroma femenino en su propia corteza… se entristeció profundamente… pero un día soñó que la dama le hablaba en lo mas profundo de sus raíces diciendo, yo también quiero estar unida a ti… fue ahí donde el roblón dejó de sacudir sus ramas y atemorizar al mundo, dejando de moverse para intentar sentir el latir del corazón que ahora poseía…
Las sirenitas lloraban y reían, reían tal vez de nervios, de miedo, desconocían a ciencia cierta lo que era un árbol, pero después de una descripción detallada que Déborah les perfiló quedaron satisfechas y emocionadas… en definitiva Deborah estaba triste.
Dos días después…
Las cuajillas una especie de musas marítimas estaban de fiesta, rondaban la superficie marítima en medio de la penumbra de la noche y hacían figuras de colores con sus ojos poderosos y pícaros.
Nadie supo esto, pero Yadira nadó y nadó hasta que sus piernas no se vieron más, su mirada,… sus ojos violeta cuando mira el sol y azules cuando mira la luna.
Así eran sus ojos, nadie los pudo ver ampliamente, el retrato solo lo alcanzó un loco… El loco de Inéz…
Contaba Inéz que esa Sirena sabía todo… los sueños, los silencios ya que su marido parecía poseído cuando le hablaba de ella y parecía haber perdido el momento necesario del sueño… parecía que había sido absorbido por esa energía extraña, la que nunca se sabe interpretar… que suena fuerte mas no hace ruido…
El loco decía que era la más hermosa de las sirenas… la cálida y fría a la vez… la que perdonaba al enemigo alejándose de él… salvándole así la vida… no mataba… no veía en realidad nada mas que el sentimiento puro del amor mezclado con la ilusión de lo desconocido…
Se mezcla entre la gente y goza…tan frágil es que vuelve al mar… mas nunca se aleja de la premisa de que su amor sigue en la tierra… y entonces es ahí donde regresa… mas no se engaña a si misma… ella no es un humano…
Es Sirena…
Santiago nunca supo esa parte de la historia, ni la sospecha se asomó en esos días… días mágicos y totalmente humanos, donde la carne se saciaba con la carne y las caricias se expandían día, tarde y noche.
Capitulo 11
…Una sirena escondida de todo ser que la pudiera tocar y acompañada por la sombra de un pozo helado y salino pensaba atisbadamente…
Estar carente de ti, es semejante a un rostro sin ojos, sin boca, sin nada; deletreo tu nombre en mi mente, y cada letra lacera mi espalda cansada por no dormir… por permanecer sencillamente viva con tus recuerdos.
Si la sencilla manera en la que respiro se lisiara, me encantaría conocer la muerte y no sentir; pero lo digo tranquilamente por que sé que es contundente la eternidad que me persigue; lo sé, sé que no temo a la muerte por la inmunidad que me envuelve a ese proceso inteligente de la naturaleza.
Quiero aumentar la intensidad de la voz que suena en mi cabeza, esa voz varonil que me abraza como algas nuevas. Quiero volverme ser humano esta noche y platicarte con mi silencio el amor que me condena, la pasión dulcificante de mi flaqueza desquiciante.
¡Quiero!
Deborah se imaginaba llegando a la arena y fabricando las piernas que tanto gozó tener, se colocaba a sí misma bajo el sol, seca y totalmente humana… visitando el rincón de sus pasiones, el jacal que ahora dormía con Santiago en una profunda y solitaria pesadilla.
Yadira vio a una sirena llorando amargamente esa misma tarde… estaba tratando de ocultarse dentro de una cueva gris cubierta de moho. Sintió el latir de esa sirena atormentada y se reflejo en ella.
Nunca la había visto antes, parecía de la familia directa de Lantarón, ya que sus hijas tenían ojos mas grandes y un poco rasgados, con tonos variados de piel, algunas eran de tez negra con cabellera color perla y ojos azules, otras como esa a la que contemplaba en ese momento de piel canela y cabello tan largo que parecía cubrirla toda, y otras hijas de Lantarón eran pelirrojas; tonalidades contundentemente distintas sin embargo todas poseían una cabellera mas larga de lo habitual. Yadira derruida por la angustia y un toque de curiosidad se aproximó a ella.
Deborah estaba perdidamente en un estado psicótico ese día, la añoranza destruye a la realidad lastimosa y obligando a la fantasía ser la que lisonjea en las mentes de aquellas tristes personas. Yadira le habló con cautela, saludándola formalmente:
– ¡vengo de la familia de Santurio, danzo bajo la luna con la octava agrupación de las sirenas de este golfo! Estoy de paso en estos arrecifes y he visto tu rostro palidecerse cada vez mas en los minutos que te he contemplado. ¡Sirena, hija de Lantarón!, ¡me dispongo ante ti, a lo que tu necesidad imponga! –Yadira mostró la reverencia adecuada, vio a la hija de Lantarón reaccionar poco a poco ante su saludo cordial y examinó en esa mirada algo que ella misma había encontrado en un espejo. Decepción… Dolor… Amor.
– ¡Buena avenencia tengas con la eternidad sirena hija de Santurio!– pronunció con palabras débiles mientras la veía de reojo.
–Para ser sincera, debo confesarte que no hay una avenencia muy placentera. La eternidad me ha resultado un tanto dura últimamente, –Contestó Yadira tratando de captar mas atención de aquel triste ser.
–Debo decir que yo detesto mi eternidad, hoy mas que nunca. –Yadira se compadeció de ella y de pronto sintió un nexo que la unía como un hilo que se entretejía desde su carne hasta la de las entrañas de esa sirena triste y derrochada.
–Quisiera obsequiarte algo grato hija de Lantarón, la miró fijamente y con seguridad incesante e infranqueable se acercó.
–He de agradecer tu intención hermana Sirena, pero no quiero desilusionar a tu corazonada de hacerme feliz, por que eso no es posible.
–Tal vez la razón sea totalmente tuya sempiterna hermana, pero disculpa si no ceso de insistir en obsequiarte esto.–Deborah terminó por voltear hacia Yadira y al verla se estremeció ante lo que acontecía en ese fragmento de eternidad.
– ¡Mar impetuoso! ¡Que es eso! ¿De donde has sacado tal cosa?- Deborah cobró consciencia del tiempo y el espacio y se sumergió en lo que su ojos alcanzaban a tocar.
–Mi obsequio no tiene explicación, no debo decir su origen hermana mía, si lo hago el hechizo será roto y moriría el poder de tan valioso objeto.
–Deborah abrazó a la hija de Santurio y le besó las manos, le colgó un collar de coral que su abuela le obsequió cuando era pequeña. Yadira se desprendía de sí misma al obsequiar tal artilugio, pero parecía sentirse más ligera y feliz…
¡Oh sirena eterna y divina! –pensó deborah al tomar el objeto en sus delicadas manos.
…ojos violeta cuando mira el sol y azules cuando mira la luna – Yadira se alejaba de la tierra por completo y lo sabía…
La magia apenas comenzaba, con ese obsequio era expandida la felicidad que emanaba de los ojos de aquella sirenita que moría metafóricamente en un espacio real y profundamente indestructible.
Luces violetas que se formaban en forma de rayitos sobre la tela del mar, esa superficie que para cualquier ser vivo representa inmensidad. Era una sorpresa que Lantarón no quería escuchar, sin embargo Deborah debía ir con su padre y contarle la historia.
–¡Padre majestuoso!, vengo a besar tu mano y decirte cortas, pero intensas palabras.
– ¡Hija incansable, acércate y dame tus manos.
–Si padre, –Deborah cubierta de miedo y felicidad mezcladas se acercó a él, le tendió sus manos y Lantarón prosiguió a besar cada una serenamente, con ternura inigualable.
– ¿A que debo tu presencia hija mía?–Deborah lanzó la mirada a lo alto sin lograr alcanzar un atisbo de luz exterior y estremecida por tener que contestarle la verdad lo miró de frente con esos ojos imprudentes e infantiles.
– Vengo a mostrarte esto padre, –La sirena sacó de su cabellera espesa el artilugio que acababa de recibir y miró a Lantarón, cada expresión que nacía y moría al momento de no creer lo que estaba enfrente.
–¡Hija del mar!, ¿de donde has sacado tal hechicería?
–¡No es hechicería padre! Es una llave a mis deseos.
–¡Tus deseos!, envía esos absurdos anhelos a los tiburones, ¡envía ese objeto lejos de esta familia!
–¡Nunca señor mío!, repito que es la llave a mis deseos, a mi felicidad que me espera impaciente.
–Pero debo explicarte una cosa pequeña insolente– Lantarón angustiado no sabía como guardar la calma, su mirada era de furia y terror, no podía evitar que sus músculos mostraran cada vena indignada por tal acontecimiento– las consecuencias son irrevocables hija mía. Irrevocables.
–¿A que te refieres padre? –indagó temerosa
–si posees ese objeto, solo serás eterna si no sales de tu hogar que siempre ha sido y será el mar. Tu sitio es este, te gusté o no.
Pero si quieres saber mas de esa cosa innombrable que cargas te diré quien te proveerá detalle de la información… dirige tu camino hacia la fosa que se encuentra al sur de nuestro territorio y encontraras a una sabia sirena, ella como si fuera tu madre te explicará cada consecuencia de poseer tu “llave” a los deseos absurdos que te cargas.
…
Morirás… Si sales y no regresas al mar en veinte días morirás, tu cuerpo se debilitará si no toca el agua, deberás sumergirte a tu hogar una vez al día por lo menos un par de minutos… si no sentirás una fiebre que avanzará y se convertirá en dolores intensos de vientre, senos y espalda que no te permitirán ni respirar con tranquilidad, serás mitad humana y mitad sirena, los días de luna llena serán peligrosos si no vuelves a tu núcleo y danzas con tus hermanas, podrías morir dormida… Sencillamente te debo confesar que amarás los días y temerás las noches, ya que de noche tu cuerpo es mas de sirena que humano y requiere una hidratación profunda… tu reproducción será incierta, podrías procrear humanos, sirenas, tritones o seres únicos como ahora lo eres tú… mitad humano, mitad sirena… cual sea el origen de este objeto, no lo debes saber ya que serías eterna por siempre… eternamente sirena.
Deborah estaba maravillada ante tanta información.
Daba gracias a Dios y festejaba antes de que las palabras de la Sabia sirena concluyeran.
–Debes saber que en la tierra puedes morir, cualquier cosa que te suceda mientras estés allá arriba tendrá consecuencias humanas… cualquier cosa.
Pero hay una maravilla si llevas contigo esto que te cargas… si lo frotas en tu rostro te aliviará algún dolor por un lapso de tiempo prolongado y algo mas… cura a los humanos… sana algunas enfermedades humanas, cierra heridas y quita infecciones… pero debes saberlo… no revive… ni conserva a tus deseos… tus deseos dependen de ti…
Esto es una perla única… una perla inmortal, que solo pasa de una mano a otra por amor.
–Deborah pensó en ese instante en Yadira y no evito imaginarse que había perdido su lado humano aquel día en el que decidió deshacerse de su perla. Nunca sabría por que lo hizo… pero se repetía… ¡bendita sirena, bendita sirena!
La sirena había concluido el discurso y le besó en la frente.
Sacudió su miedo y se dirigió a sus hermanas y su madre… miró a la sirena mayor y recibió una cálida sonrisa, nadó velozmente y la abrazó; se fundió en cada una de ellas y les contó la historia mientras notaba que ya alguien les había dicho todo.
La madre comenzó su reprimenda
Las antiguas sirenas volaban, eran hermosos pájaros que recorrían alturas insospechadas, reposaban en nubes blandas, veían de forma impresionante el mundo con más colores de los que percibe un humano, con una capacidad increíble de permanecer en el mismo sitio por un largo periodo de tiempo en las alturas sin fatigarse siquiera.
Hasta que un día ni una sola sirena quizo volar… ya que solo de lo alto veían cosas terribles… humanos matandose de formas extrañas… y hoy una de mis hijas desea ser parte de ese mundo…
No te detengo… no te persigo… pero nunca seguiría tus pasos…
Que tus deseos se cumplan hija de lantarón .
Hija mía.
…el ser humano tiene la capacidad de estar solo… pero no por lapsos prolongados…la locura se va convirtiendo al principio en huésped, y al pasar el contoneo lento de los días escandalosamente solitarios va adhiriéndose inevitablemente, produciendo la sensación mentirosa de compañía… es ahí donde se corona la demencia, la psicosis… la dulce psicosis donde todo es fantasía y nada mas.
En este mundo irreal, todo es tangible de tal manera que se vibra, se tiembla y se desgarra el alma cuando los fantasmas deciden atacar…
Esataban exhaustos habían bebido mucho… el loco de Inés se rascaba su larga barba y miraba lo mas lejano que podía abarcar con su aún aguda vista, acomodó su viejo bastón a un lado de el recargado en la pared de su jacal y se dirigía una vez mas a Santiago…
La eternidad es mas peligrosa que la muerte… es mas cruel, presume y promete, pero toda dicha empaca las lagrimas en la maleta…
Santiago estaba inmerso en la nada, solo recibía el mensaje y se mantenía inmóvil …degustando la soledad.
Es irónico, puede haber un millar de personas y afirmar que se siente la mas profunda soledad, pueden hablarnos, tocarnos y con el viento desaparecer…
Santiago miró su reloj y vio que eran las 12:00am había perdido el control de su vida, por mas horas de las que se puedan contar.
Caminó a su casa y sintió la brisa del mar y le bombardearon las ideas, eran tantas imágenes desordenadas que nunca las podría verbalizar.
Al abrir la portezuela del jacal vio a su más amado huésped…
La soledad.
Y durmieron juntos, piel a piel.
Y en el sueño…
Al hombre Tanto le impresionó el espectáculo que sus ojos contemplaban que siguió explorando la nueva "tierra" que se abría ante él, seguro de que nadie hasta aquel momento había visto lo que sus ojos abrazaban como a puñados de rosas en medio de una celebración. Cientos de sirenas y seres nunca antes imaginados entre los colores y sombras del mundo marino…
No quería despertar, sabía que era un frágil sueño, pero se le antojaba interminable.
El deseo de no despertar produjo mas que eso… el no quería ver su realidad, era tan cruel que prefería no abrir los ojos, se sabía despierto y peleaba contra si mismo por no abrir sus delicados y oscuros ojos…
La psicosis no era bienvenida en la formación psiquica y emocional de Santiago… pero algo debastador e inaudito para muchos que supieron del extraño y terrible acontecimiento, se formaba inconteniblemente… la histeria...
Ojos cerrados
Estoy probando al insomnio
Lo degusto con el temblor en mis labios
Y nadie sabe por que…
Incluso ni yo mismo lo deduzco
Sabe a eucalipto, es frío como diciembre
Y es un poco hueco y atarantado
Me hincha los ojos y un poco los labios
Y sin embargo lo sigo tomando entre mis manos…
Y bebo de él… me lo unto en cada poro…
Y construyo razones para seguir en penumbras
Que también son estúpidas
Veo a la sábana de la noche, la niebla
Y tengo en el centro de mi frente un número rojo
Que de pronto cambia a negro y de pronto es bicolor
Y cuento las horas que pudiera dormir
Para despertar con energía… y es el número del infinito…
Y me dan las 5:00 de la mañana….
Y solo dormiré quizá dos horas, tres
Mientras el gigantesco insomnio me arrastra a abrir los ojos
Y yo golpeteo mi cuerpo cansado contra mi mismo…
En este colapsado momento están esos olores
Y la noche presurosa de cuerpos sembrados en las nubes
y las ganas de que se forme raíz acrecienta
y broten flores, fruto de seda de una piel nueva.
Despierta, me grita…
Y me aplaude y yo me inquieto
Entre las sombras me resguardo
Y ahí esta mi cuerpo, vestido aún…
Mi piel no duerme
Ni mis pies, ni mis labios
Mis manos están mas vivas que nunca
Y no hay sonido solo es sabor eucalipto del insomnio perdido
Palabras se desfilaban en su mente antes de descubrir la tragedia.
Sueño asesino
Sórdido y monótono reloj,
No pienso hablar de ti ni de tu tiempo.
Ni del deseo que me provoca tener los segundos en mis manos
Volverlos polvo y así ser yo quien cuenta tic tac.
Inmóvil distancia equipada del cincel que corta lento
Penetro en el abismo descomunal del desespero
distas de todo, siempre lejana y violenta…
Señora distancia soñé que morías,
Te mataba un suspiro asesino y bromista
Que jugó a ser mago… con un soplo te asfixió y ni cuenta te diste
Terrible distancia, estas bajo tierra y nadie esta triste…
Que mentiroso mi sueño
Hoy suspiro muy fuerte y mi soplo se pierde
No mata, indefenso, efímero y suicida
Descubro la inmortalidad que te enviste
Quiero dormir otra ves y vestirme con el mismo sueño
Matarte de un suspiro, que seas muerta de asfixia, aplaudir
Nada de flores, nada de llanto, pintar de colores tu tumba
Regalarte el reloj tic tac enterrarlo contigo…
el reloj que es tu amigo que juega a ser inmortal como tú
no mas tic lento y presumido, ni mas tac imprudente y cojo.
enterrados los segundos vivos ahora yo cuento….
1,2,3…5,6,7…
Y Deborah nacía de nuevo… el relato de su historia lo escribió en su memoria de mañana, con los destellos de un nuevo día…
Estuve en la orilla del mar, sobre la arena clara,
era una noche más,
No se si existía la gente
O eran palmas pequeñas,
Y baile sobre la arena,
Y las olas aplaudían,
Se contagiaban de los ritmos
Que emergían del viento y sus mismos aplausos…
Entonces dancé con ellas… las olas y yo…
Y mi cuerpo de pronto me avivaba mas y mas
Y mis manos marcando a la arena,
Fue cuando descubrí que las olas seguían danzando
Desperté y entendí el ritmo inmortal de su inmenso espacio
Volteando al cielo el amanecer tejía colores
Y no faltaba más que un rayo de sol
Que pronto adentraría en el escenario
Y así fue… no se si era abril o era mayo…
Pero aún fuera el mes numero 13
Y el día 8 de la semana, aún así,
Con mis manos lo dibujaría otoñal
Y lo inventaría ardoroso en el día y frío de noche…
Y con la danza nocturna de las olas
Se formarían brazas rojas y amarillas
Del fuego apasionado de lo inimaginable
De lo insospechado de los segundos
Esos que pronuncian un nombre
Que son fragmentos que nacen y mueren
Pedacitos de historias
E insólitas habitaciones del futuro
Y las luces de este mundo me despiertan
en los brazos de mis sueños,
En donde no se si es abril o mayo
… donde el alimento son los colores…
Ahí nacen y mueren los segundos…
Mas frágiles que las mariposas…
Por que no tienen tiempo ni de volar.
Solo inhalan y y mueren al exhalar …
Y así uno tras otro con el deseo de vivir
Aunque sea un poco… ver la luz, o sentir la humedad…
Esta que conozco tan bien.
Se secó bajo el sol y vió sus piernas detenidamente y era humana… frágil, sensitiva. Con la perla colgada al cuello. Deborah había vuelto.
Sufría una epistaxis, una hemorragia por las fosas nasales pero nada detenía su emoción desbordante, y en medio del silencio recordó esta confortante y sabia frase : Ubi bene, ibi patria. Donde estés bien, ahí es tu patria
Apretando la perla junto a su pecho soñaba con tocar el rostro de Santiago…
Un hombre la miraba como tratando de reconocer a alguien… mientras ella volaba entre fantasías… la mirada se convirtió en contemplación hasta que la chica se sumergió al agua y pasaron los segundos mas largos de la vida de aquel hombre tembloroso del terror de no verla emerger nuevamente a tomar oxigeno…
Estaba muerta… o era… SIRENA.
SIGUIÓ CAMINANDO POR INERCIA, PERO CON LA MIRADA HACIA EL INMENSO MAR.
-¡Felipe! (gritaba a lo lejos Santiago), ¿Por qué no avisaste que vendrías?, ¡vaya que si es una sorpresa!, después de tantas cosas te apareces de la nada, (sonreía de una felicidad empolvada, tan guardada, que olía a viejo, a humedad, a soledad y ansia por abrazar; Felipe aun no entendia la escena anterior de la mujer sumergiendose en el mar y quedandose ahí… no parecía ahogarse simplemente no podía ser cierto… comenzó a pensar que alucinaba por el calor, al que ya no estaba acostumbrado… aunque sabía perfectamente que las sirenas si existían…
Y ese rostro, era tan familiar que aún no saludaba a su amigo, Santiago derramó un par de lagrimas y corrió a abrazar, tal como se abraza a una almohada en tiempos de ira y tristeza.
Felipe parecía mudo, pero sonrío de alegría al sentirse en casa…
-te he extrañado, cuentame que has hecho y dime ahora mismo por que nunca contestaste mis cartas querido Santiago, de seguro te dabas la buena vida, me vuelvo loco por que me cuentes las aventuras que solo yo te creería, sin pensar que has perdido cordura.
-creeme Felipe que esta vez no me creerias nada, y me llevarías tu mismo a un hospital para locos… dejemos eso y cuenta tu mejor acerca de tu vida… que tengo tanto sin saber de ti…
(llegaron al pequeño jacal que gritaba historias y susurraba cosas inauditas, se sentaron y bebieron café hasta la madrugada, conversando y riendo…)
-nunca te imaginé casado y con dos hijas, ¡que alegría por ti!...
-tu no pareces tan contento, y aun no me has dicho nada, comienzo a asustarme…
-Pasaron eventos imposibles de narrar sin que yo parezca un desquiciado. Por eso es mejor que no te cuente todo… mas bien que no te cuente nada…
-vamos, sabes que todo lo entendere y claro que te creo, empieza… (Felipe estaba impaciente, como un niño frente a su dulce favorito)
Las palabras flotaban y la historia se entretejió y Felipe escuchaba, preguntaba, reía, gritaba, frotaba su rostro y se enajenaba…
Al ultimo Santiago terminó su relato así…
Y así terminó todo, hasta ahí llegó mi vida, ahora solo consumo la locura que me dejo todo eso… y ya no vivo… sobrevivo… entiendes?, ya terminó todo…
Se acabo… fin de la historia.
-te equivocas Santiago… te equivocas (le dijo muy seriamente y con voz que denota peligro)
-¿a que te refieres? (pregunto extrañado)
-No es el fin de la historia… AÚN NO.